Su madre era enfermera y, de peque�o, sol�a ir a buscarla al hospital. Quiz� ah� sembr� su inter�s por la Medicina. "Era demasiado peque�o como para recordar qu� fue lo que me marc�. Pero me interesaba la enfermedad, no s�lo de las personas sino tambi�n de los animales", admite Iv�n Ma�ero, cirujano pl�stico con 25 a�os de experiencia internacional y Matr�cula de Honor en la Licenciatura.

No se equivocaba al tener tan clara la vocaci�n. Su formaci�n se consolid� en centros de excelencia en Estados Unidos, Reino Unido y Brasil, donde perfeccion� t�cnicas avanzadas de cirug�a est�tica y reconstructiva. "Siempre he sido una persona muy inquieta y curiosa". En 1999, fund� IM Clinic, uno de centros hospitalarios m�s avanzados de Europa hoy en d�a, donde forma adem�s a residentes.�Cultura o biolog�a? Reconoce que, en todos estos a�os, el concepto de la belleza ha cambiado mucho. Seg�n su punto de vista, no es un constructo cultural sino biol�gico: "Es el marketing de la procreaci�n". La naturaleza la usa para se�alar salud, simetr�a y capacidad reproductiva y los estudios lo confirman: los reci�n nacidos ya muestran preferencia por los rostros atractivos. "Es innata. Que los medios la hayan convertido en negocio es otra historia".De ah� viene, explica, el estigma hist�rico de la cirug�a est�tica: "Un hombre que hace deporte y tiene un cuerpo musculado es valorado porque requiere un sacrificio. La belleza natural no requiere esfuerzo y quien la consigue de forma artificial genera incomodidad y envidia". Pero, mientras antes se escond�a, ahora se exhibe con orgullo: "He visto en Estados Unidos gente que iba a una cena con los puntos del lifting todav�a puestos, sin ning�n reparo, porque se trataba de estatus: se opera quien tiene dinero". Esa normalizaci�n anglosajona ha tardado en llegar, pero ya est� aqu�. Verse mejor, incluso gracias al bistur�, forma parte del autocuidado. Y abarca dos mundos, el puramente f�sico y el del antienvejecimiento. Es decir, muchos pacientes quieren aparentar una edad m�s joven, cuenta el Dr. Ma�ero. El poder transformador del bistur�"Una de las cosas que m�s me ha sorprendido a lo largo de mi carrera es c�mo una intervenci�n puede cambiar tanto el estado de �nimo de una persona. Es algo incre�ble, verdaderamente transformador. Y eso lo veo sobre todo en la cirug�a pl�stica: la potencia que tiene en el resto de esferas de la vida el verte mejor. En la forma de relacionarse con los dem�s, con la pareja, consigo misma, su �nimo, optimismo y hasta su salud", describe.En el lado opuesto est� la dismorfia corporal, cuando existe una obsesi�n con defectos f�sicos percibidos. Antes se acud�a a consulta con los rasgos de una famosa como modelo. Ahora, en cambio, con una imagen de una misma retocada por IA que quiz�s el cirujano no pueda lograr nunca, dice. "Si te ped�an la nariz de una actriz, entend�an que le va bien a esa persona con sus rasgos, pero que con otra barbilla, labio y ojos, podr�a quedar fatal. Son patrones de arquitectura del rostro y de simetr�as f�ciles de comprender". Lo complejo ahora est� en que vienen con una fotograf�a irreal, con unos p�mulos o un ment�n que la naturaleza no ha creado. "Eso nos est� llevando a cambiar nuestras propias conductas con los pacientes, porque vienen creyendo que eso es posible. Y claro, si te ves a ti mismo mucho mejor en esa imagen, quieres ser as�".L�mites �ticos frente a la banalizaci�nPor eso cree tanto en el profesional: "Hasta que desde la pol�tica se act�e con legislaci�n, somos el primer nivel de defensa del paciente ante la IA, las redes sociales y la desinformaci�n. Est�n induciendo a cambios f�sicos imposibles". Ha tenido que aprender a decir "no" con contundencia: "La democratizaci�n es buena porque m�s gente accede a tratamientos, pero tambi�n se banaliza, sin respetar �tica ni poner l�mites", critica. Lo fundamental es buscar un m�dico titulado y con la especialidad de cirug�a pl�stica, reconstructiva y est�tica. "La Ley Sara responde a la tragedia de una mujer de 39 a�os que falleci� tras sufrir graves da�os en m�ltiples �rganos durante una lipoescultura. El intrusismo es el peor enemigo del paciente, no de los cirujanos. Si lo haces bien, tendr�s gente". Acepta que, como m�dico, se pierde acontecimientos familiares importantes y nunca desconecta: "El m�dico que diga que s�, miente". Lo mejor es la satisfacci�n del paciente. "Y tambi�n, sinceramente, no tratar enfermedades en el sentido m�s duro de la palabra. Me costar�a mucho tratar linfomas infantiles o c�nceres sin soluci�n. Eso es lo que m�s me pesa cuando lo pienso". Y lo peor de su especialidad es, a veces, "no poder dar las soluciones que el paciente necesita".El perfil del pacienteSu paciente medio es una mujer con dos picos claros. "Uno es la menopausia, porque conlleva un deterioro importante del cuerpo femenino por la ca�da de los estr�genos. Se ve envejecer muy r�pido en el espejo, mientras que su cabeza sigue siendo joven y activa, y necesita hacer alg�n cambio". El otro pico, algo m�s joven, responde a las secuelas de los embarazos. "Aunque sea algo maravilloso, tiene sus efectos. Por eso se entiende que la naturaleza haya dotado a la mujer de m�s belleza: es la que m�s invierte biol�gicamente en la reproducci�n. Cuando acaba ese periodo de maternidad y ve afectado su pecho o tripa es cuando acude a la consulta".El contraste de la realidad m�dicaFuera del confort de la cl�nica occidental, la visi�n de la maternidad del Dr. Ma�ero es mucho m�s cruda: "Hoy todav�a en �frica, donde yo opero, una de cada seis mujeres muere por causa del embarazo. Es una ruleta rusa". Esta labor humanitaria, que canaliza a trav�s de su fundaci�n, contrasta con los motivos que traen a las pacientes de vuelta a su consulta en Espa�a una vez cerrado el ciclo reproductivo.Los datos nos dicen que la primera intervenci�n se adelanta a la d�cada de los 20 a�os. "Empujadas por las redes sociales, las j�venes piden rellenos de �cido hialur�nico o neuromoduladores, pero insisto en que somos nosotros los que debemos frenar lo que no se necesita". La huella est�tica tiene un impacto, defiende. "Si una chica de 20 a�os empieza a ponerse productos de forma continuada, su envejecimiento va a ser horrible por lo que eso le va a generar a largo plazo". Nunca antes en la historia de la humanidad el ser humano se hab�a expuesto tanto, opina sobre el efecto de las RRSS. "De hecho, los ni�os que tienen dientes de castor, nariz grande o sobrepeso ya saben el da�o que eso les causa. Pero tambi�n entender�s lo beneficioso que es cuando eso cambia. Creo que las redes sociales han sido el punto de inflexi�n en la cirug�a pl�stica", apunta el cirujano.En busca de la longevidadEl l�mite se est� alargando hacia arriba, asegura: "Cada vez encontramos m�s pacientes de 60 u 80 a�os, en perfectas condiciones anal�ticas y f�sicas, pero con un deterioro externo". Pero siempre con naturalidad. "En el sentido de no buscar una caricatura de uno mismo. No buscar esos superlabios, esa nariz peque��sima, sino el efecto de me hago mayor, pero mantengo mi estructura". Se aboga por la longevidad saludable. "La sociedad hoy, a pesar de todo lo malo que pasa, est� en un nivel en el que la gente no quiere morir, porque hay muchas cosas por hacer".IM Clinic en C/ del Cinca, 21 (Chamart�n, en Madrid). Tambi�n Barcelona (Sant Cugat y Bonanova).Pertenece a la Instituci�n Gournay, la �lite quir�rgica.Miembro de AECEP y SECPRE.Top Doctors Awards 2023.Fundaci�n DrIM (2007) con un foco especial en la lucha contra la Mutilaci�n Genital Femenina.