El matrimonio cogió el ascensor en el cuarto segunda y bajó hacia el aparcamiento. Una vez allí, la mujer se palpó los bolsillos.–Me he dejado el móvil en casa. Ve tirando. Ahora vuelvo.Hacía cuatro meses que vivían en el número 6 de la calle Santiago Rusiñol de Viladecans. Él, catalán, de 45 años; ella, colombiana, de 30. Se habían conocido en los viajes continuos que él hacía a Colombia y se habían casado hacía seis años.Eran las 12.30h del 30 de noviembre del 2017. El hombre abrió la puerta del Volkswagen Polo. Se sentó al volante. Introdujo la llave en el contacto. La giró. La explosión hizo temblar todo el aparcamiento. El artefacto adosado a los bajos del vehículo estalló al instante. Murió en el acto. Su mujer se salvó por cuestión de segundos.Una vecina que subía por el ascensor resultó herida de gravedad. Los bomberos desalojaron el edificio mientras comprobaban que la estructura no había quedado dañada y los Mossos d'Esquadra acordonaron la zona durante días. En Catalunya casi no había precedentes de un coche bomba. El método recordaba más a los atentados de los cárteles colombianos o de la mafia italiana que a los ajustes de cuentas del crimen organizado catalán.Al introducir el nombre del muerto en la base de datos policiales, los investigadores entendieron que no era una víctima cualquiera. Su historial policial ocupaba páginas y páginas. Narcotráfico. Extorsiones. Explosivos. Asesinatos por encargo. Se llamaba Xavier Jaume Peña, y los Mossos ya no se preguntaban por qué lo habían matado, sino cuál de sus numerosos enemigos lo había hecho.Reconstruyendo sus últimos años, un primer episodio los llevó hasta La Jonquera. Pocos días antes de morir, Xavier Jaume Peña había ido a recoger el escrito de acusación de un caso que podía costarle 26 años de prisión. La Fiscalía lo acusaba de haber participado en los ataques contra el Paradise, el macroprostíbulo de La Jonquera.El 12 de diciembre del 2012, dos años después de su inauguración, el mayor burdel de Europa había sufrido una oleada de ataques con explosivos. A las seis de la madrugada, dos hombres encapuchados lanzaron dos bombas caseras desde una motocicleta. La primera estalló y dañó la fachada; la segunda no explotó porque falló el detonador. No hubo heridos, pero fue un aviso.Los Mossos ya no se preguntaban por qué lo habían matado, sino cuál de sus enemigos lo había hechoOnce días después volvieron a la carga. Cuatro encapuchados irrumpieron en el prostíbulo armados con fusiles automáticos. Dejaron un Opel Corsa en la puerta y avisaron al portero de que dentro había una bomba. Los asaltantes huyeron con un Porsche Cayenne que quemaron poco después en Capmany.El Opel Corsa –cargado con dinamita, dos bombonas de butano y una mecha de seis metros– tampoco llegó a estallar. El detonador volvió a fallar.Los Mossos bautizaron la investigación como operación Rockefeller, en alusión a uno de los muñecos de José Luis Moreno, porque el dueño del Paradise tenía un nombre casi idéntico: José Moreno. Aunque el Porsche quedó calcinado, los investigadores encontraron unas huellas en un bote de líquido inflamable que utilizaron para la ignición. Eran de Xavier Jaume Peña, que fue detenido y encarcelado. Un año después salió en libertad pagando una fianza de 10.000 euros.El siguiente nombre de la lista era todavía más poderoso. El 3 de septiembre del 2012, un hombre circulaba por la urbanización Los Pinares de Lloret de Mar con su mujer y su hijo de tres años. A las 19 horas, se les acercó una motocicleta de gran cilindrada. El acompañante sacó una pistola y disparó varias veces. El hombre recibió tres balas en el tórax; el niño, un tiro en la cabeza. Contra todo pronóstico, los dos sobrevivieron. El padre era Gabrielle Biondo, destacado miembro de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa. Cuando la policía tomó declaración a la mujer, esta identificó sin dudar al autor de los disparos: Xavier Jaume Peña. Sin embargo, Biondo nunca quiso denunciar los hechos. Quién sabe si se quiso tomar la justicia por su mano.Cuando murió, Xavier Jaume ya era uno de los capos del narcotráfico. Por eso no fue extraño que se tomaran tantas molestias para acabar con él. Llevaba años vinculado al crimen organizado, donde fue escalando posiciones. Empezó como porteador, haciendo descargas de hachís en alta mar. En una de aquellas operaciones, su nombre salió en la prensa.El 16 de enero del 2000, Xavier Jaume tuvo que ser rescatado después de que una descarga de droga en alta mar saliera mal. El caso tuvo en vilo a los vecinos de Palamós. En aquel momento, todo el mundo pensó que una embarcación recreativa con tres jóvenes a bordo había perdido el control y había desaparecido mar adentro.La historia no fue exactamente así. Peña salió con una zódiac del puerto de Palamós con dos compañeros para encontrarse con una narcolancha cargada de hachís procedente de Marruecos. Mientras hacían el traspaso, el mar se alborotó y la barca perdió el control. Pasaron cinco días a la deriva hasta que Salvamento Marítimo los rescató en el corredor de Menorca.Lo que sorprendió a los servicios de emergencia es que, cuando los localizaron, en vez de tres personas había cuatro. El pasajero sorpresa era un chico marroquí que no hablaba la lengua y que no supo explicar cómo había acabado dentro de aquella embarcación. Cuando los rescatados estaban en el hospital, la familia dijo que el marroquí era un amigo de Xavier Jaume al que habían invitado a dar una vuelta con la zódiac. Ante la Guardia Civil, sin embargo, los implicados aseguraron que encontraron una patera y auxiliaron a aquel pobre chico.Lo que pasó en realidad es que el marroquí cambió de lancha para ayudar en la descarga cuando las dos embarcaciones se separaron accidentalmente. Según algunas fuentes, los tres tripulantes llegaron a votar a mano alzada, en medio del mar, si tenían que tirarlo por la borda: Xavier Jaume votó a favor; los otros dos, en contra, y el chico se salvó por mayoría simple. De los fardos de hachís sí que se deshicieron, arrojándolos al agua. Los cuatro tripulantes tuvieron que ser ingresados de urgencia con síntomas de hipotermia y desnutrición. El más malparado fue Xavier Jaume, que tardó semanas en recuperarse. La Guardia Civil de Menorca abrió una investigación que, a pesar de las sospechas, también acabó naufragando.El muerto estaba acusado de haber atacado con artefactos explosivos un macroprostíbuloCuando los Mossos cerraron la reconstrucción de la vida criminal de Xavier Jaume Peña, la lista de enemigos era inacabable. Narcotraficantes, miembros de la mafia, personas vinculadas al negocio de los prostíbulos, y probablemente muchos otros nombres que nunca llegaron a aparecer en el sumario.Aquella tarde de noviembre, sin embargo, alguien quiso asegurarse de que acabara muerto. Mientras su coche estallaba, su mujer se salvó solo porque se había olvidado el móvil en casa. Nueve años después, la investigación por el coche bomba sigue sin resolverse.Redactor de tribunales. Autor del libro 'Solo tú me tendrás' sobre el crimen de la Guardia Urbana. Ha trabajado en la Cadena SER y en RAC1. Licenciado en Periodismo (UPF) y Ciencias Políticas (UAB)
Un coche bomba en Viladecans
Los Mossos reconstruyeron el pasado de un narcotraficante para descubrir cuál de sus múltiples enemigos lo hizo saltar por los aires








