Para conservar la financiación estadounidense en medio de la oleada de recortes iniciada el año pasado por el Gobierno de Donald Trump, muchas organizaciones que combaten el VIH tuvieron que elegir entre amoldarse a las nuevas reglas de Washington ―que limitan programas relacionados con diversidad e inclusión o servicios que, supuestamente, apoyen el aborto― o dejar de trabajar. Un nuevo estudio, publicado este martes por investigadores de la Fundación para la Investigación sobre el SIDA (amfAR) y otras instituciones en la antesala a la 26ª Conferencia Internacional sobre el SIDA, ha revelado que el 77% de los gobiernos, ONG y empresas que recibían recursos del PEPFAR, el Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para el Alivio del Sida, recibieron órdenes de restringir sus actividades para cumplir con las nuevas políticas de EE UU. El resultado, según los investigadores, ha sido una respuesta al virus más limitada.El estudio se elaboró a partir de una encuesta a todos los socios ejecutores del PEPFAR a nivel nacional en todo el mundo: de los 708 contactados, 166 respondieron. El programa, que comenzó en 2003, durante la presidencia de George W. Bush, ha contribuido a salvar 26 millones de vidas a través de servicios de prevención, tratamientos y apoyo a trabajadores comunitarios. Fue congelado en enero de 2025 y, aunque el Gobierno lo reactivó posteriormente, su alcance ha quedado reducido, como ha documentado KFF, una organización sin ánimo de lucro dedicada al análisis de políticas sanitarias.Greg Millett, director de la Oficina de Políticas Públicas de amfAR, explicó durante una rueda de prensa virtual que hasta ahora gran parte del impacto de los recortes se había calculado a partir de proyecciones y modelos. “Este estudio aporta datos del mundo real, proporcionados por los beneficiaros del PEPFAR, sobre lo que realmente está ocurriendo sobre el terreno. Para documentar el alcance de estas perturbaciones, nuestro equipo llevó a cabo la primera encuesta global a gran escala entre los socios. Los resultados son muy preocupantes", ha resaltado. No solo el 77% de los encuestados informó de que se les había anulado al menos una subvención o que se habían atrasado los pagos, sino que prácticamente ocho de cada 10 tuvieron que restringir su trabajo para “cumplir con una política adicional de EE UU”. Elise Lankiewicz, autora principal del estudio, enumera, por correo electrónico, tres políticas. La primera consistió en limitar la financiación exclusivamente a actividades consideradas salvadoras de vidas. La segunda restringió las actividades relacionadas con la diversidad, la equidad y la inclusión. Y la tercera fue la política de la Ciudad de México. Esta última política, también conocida como Ley Mordaza Global, es una directiva estadounidense que prohíbe usar dinero de asistencia exterior para actividades relacionadas con el aborto. Aunque se trata de una norma de los años setenta, ha sido recuperada por Trump en sus dos mandatos. A través de esta política se han restringido acciones en la lucha contra el VIH ―como demuestra esta encuesta― y se ha bloqueado la entrega de anticonceptivos en países del Sur Global. El estudio de amfAR revela que, para no perder la financiación, un 61% de los socios ejecutores tuvo que suspender algún servicio, como los relacionados con la planificación familiar. Además, un 44% de los socios ejecutores del PEPFAR dejaron de prestar servicios a personas transgénero, hombres que tienen sexo con hombres y trabajadoras sexuales, mientras que un 61% censuró el lenguaje. “Los socios contaron que eliminaron o evitaron términos específicos en propuestas, planes de trabajo y documentos de subvención, entre ellos ‘género’, ‘violencia de género’, ‘poblaciones clave’, ‘transgénero’ y ‘equidad”, detalla la investigadora.La respuesta mundial al VIH sigue dependiendo en gran medida de la financiación internacional, de acuerdo con ONUSida. En 2024, estos recursos cubrían el 42% de la respuesta al VIH en los países de ingresos bajos y medios, así como alrededor del 66% de los programas de prevención del VIH y de iniciativas que eliminaban barreras de acceso al tratamiento. En el mundo, 40,9 millones de personas viven con VIH y, en 2025, murieron 570.000 personas, la mayoría en África subsahariana.Por eso los recortes de 2025 fueron críticos. Según la encuesta de amfAR, los cambios en el PEPFAR llevaron al cierre de 1.714 centros de atención. Los servicios más afectados fueron los destinados a poblaciones clave: un 73% de los socios ejecutores, de acuerdo con el informe, tuvieron que dejar de prestarlos. Lo mismo ocurrió con los servicios comunitarios (46%), servicios de apoyo socioeconómico (49%) o servicios de prevención (43%). Además, más del 20% de las organizaciones informaron que era prácticamente imposible obtener preservativos, material de laboratorio, profilaxis preexposición (PrEP) y antirretrovirales.Los recortes serán cada vez más severos. El proyecto de presupuesto de 2027 del Gobierno estadounidense prevé destinar 5.100 millones de dólares (más de 4.400 millones de euros) a los programas de salud global. Antes, el PEPFAR recibía por sí solo más de 6.000 millones de dólares anuales para la lucha contra el VIH.Este presupuesto, además, aplica la política de la Ciudad de México. “El presupuesto garantizaría que ningún fondo se destine al aborto ni al acceso sin restricciones a los anticonceptivos, y eliminaría también la financiación para la circuncisión y los servicios dirigidos a personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero y queer, con el fin de centrar mejor los fondos en la ayuda que salva vidas. EE UU no debería pagar los anticonceptivos y las terapias del mundo”, dice el documento oficial.Cada menos niños reciben tratamientoOtro estudio publicado este martes ha revelado que 77.163 niños menos con VIH crónico recibieron tratamiento financiado por el PEPFAR en 2025. Aunque el Departamento de Estado de EE UU sostiene que las reducciones de niños en tratamiento responde a una tendencia esperable, ya que cada vez más niños son diagnosticados y reciben atención de forma temprana, un grupo de investigadores plantea una hipótesis diferente.El estudio ha analizados los datos de 21 países que notificaron tener más de 2.000 menores con tratamiento financiado por el programa estadounidense. Veinte de ellos habían registrado descensos en los tratamientos y, entre estos, cinco ―Uganda, Haití, Zambia, Sudáfrica y Kenia― presentaron reducciones que se situaban por debajo de sus trayectorias históricas.Ramona Godbole, una de las autoras, asegura que las cifras de tratamiento en niños y adultos “están divergiendo de tal manera que justifica un análisis más detallado de los factores subyacentes, país por país”. Es urgente saberlo por la gravedad que supone el VIH en menores de edad. “Sin un diagnóstico y un tratamiento oportunos, aproximadamente la mitad de todos los niños con VIH mueren antes de cumplir los dos años”, alerta, en un correo electrónico.En medio del actual contexto de recortes, los investigadores continúan evaluando cuáles son los tratamientos más eficaces para reducir la mortalidad infantil por VIH o enfermedades asociadas. El pasado 17 de julio, científicos españoles y de varios países africanos, publicaron en la revista The Lancet los resultados de un estudio sobre medicamentos suministrados a bebés con VIH que corrían el riesgo de morir por graves cuadros de neumonía. A un grupo se le trató con valganciclovir ―que no está disponible en la mayoría de Estados africanos― y a otros, con la medicación estándar o con la que combate la tuberculosis. Los resultados demostraron que el valganciclovir redujo el riesgo de muerte en un 40% en los primeros 15 días de tratamiento en comparación a los otros métodos. Los investigadores, no obstante, reconocieron que los beneficios detectados de este ensayo pueden quedarse en el papel. “El acceso al valganciclovir es actualmente extremadamente limitado en los países de bajos ingresos debido a su coste y disponibilidad. Sin una mayor producción de genéricos y sin intervenciones a nivel político, es posible que los beneficios clínicos observados en este ensayo no se traduzcan en un impacto significativo a nivel poblacional”, resalta el estudio.