Meta humanosNinguna estrategia tendrá impacto real si en el aula sigue predominando la indiferencia.
En Guatemala se ha vuelto casi una costumbre hablar de la crisis educativa señalando, con razón, al Estado. Y motivos no faltan. Las carencias en infraestructura, la desigualdad entre las áreas urbana y rural, la escasa oferta educativa en muchos territorios y las condiciones de pobreza que enfrentan miles de familias siguen limitando el derecho a aprender.
Sí, el Estado tiene una responsabilidad central. Pero reducir toda la discusión educativa a la culpa del gobierno también puede convertirse en una excusa cómoda para no mirar otra verdad igual de importante: la educación no se transforma solo desde la política; también se define todos los días dentro del aula.
Y ahí surge una pregunta necesaria: ¿qué parte del cambio depende de quienes enseñan? En la Evaluación de Graduandos 2024, realizada a 146 mil 833 estudiantes, solo 35% demostró las competencias básicas en Lectura y apenas 13% en Matemáticas. Eso revela una realidad preocupante: muchos jóvenes logran llegar al final del sistema, pero no necesariamente con las herramientas esenciales para comprender, analizar y resolver problemas. Y, luego, quienes desean formarse en la educación superior encuentran solo una opción y, en esa universidad, la política ha atado las manos de quienes deberían abrir mentes.






