Las olas de calor nocturno han provocado la pérdida de hasta 93 horas de sueño anuales en ciudades de América Latina. (Imagen Ilustrativa Infobae)Las olas de calor nocturno han provocado la pérdida de hasta 93 horas de sueño anuales en ciudades de América Latina, afectando de forma crítica la salud física y mental de la población en Centroamérica, según datos recientes y especialistas consultados por Infobae. El fenómeno se ha intensificado en los últimos meses, con consecuencias directas sobre el bienestar y la capacidad de recuperación del organismo.En entrevista con Infobae, el especialista Carlos Acevedo, presidente de la Asociación de Psiquiatras Salvadoreños por la Salud Mental (APSAM), explicó que el sueño es un proceso biológico activo y esencial para la vida. PUBLICIDAD“Durante el descanso nocturno ocurren funciones de reparación y limpieza celular indispensables para el equilibrio físico y mental”, destacó Acevedo. Cuando falta sueño de calidad, el cuerpo experimenta una disminución de la calidad y esperanza de vida.El especialista salvadoreño subrayó que la privación de sueño ocasiona daño físico y mental, afectando estructuras cerebrales clave para la memoria, la concentración y la regulación emocional. Además, la falta de descanso eleva el cortisol, hormona del estrés, desestabiliza neurotransmisores como la dopamina y la serotonina provocando una disminución la eficiencia del sistema inmunológico, lo que incrementa el riesgo de infecciones y enfermedades crónicas.PUBLICIDADLas altas temperaturas nocturnas en Centroamérica dificultan que el organismo se enfríe y pueda iniciar el descanso. (Foto archivo)Las altas temperaturas nocturnas, que en muchas zonas de Centroamérica superan los 21°C (70 grados Fahrenheit), dificultan que el organismo logre enfriarse lo suficiente para iniciar el proceso de descanso. Según el estudio de Climate Central, ciudades como Barranquilla y Acapulco han registrado hasta 93 horas de sueño perdidas al año entre 2020 y 2025, con parte de ese tiempo directamente relacionado con el cambio climático.En países centroamericanos, donde el acceso a aire acondicionado y viviendas adecuadas es limitado, el impacto se acentúa entre los sectores más vulnerables. El medico especialista advirtió que adultos mayores, niños pequeños, embarazadas y personas con enfermedades crónicas enfrentan mayores riesgos de salud ante la privación de sueño, ya que su capacidad de adaptación térmica resulta menor y la deshidratación se produce con más facilidad.PUBLICIDADEl especialista puntualizó: “La falta de sueño reparador debilita el sistema inmunológico y puede agravar problemas previos de salud mental, como ansiedad y depresión. Además, afecta la capacidad de recuperación ante infecciones o traumas físicos”.La infraestructura urbana de San Salvador absorbe y retiene el calor durante los días de temperaturas extremas que superan los 40°C (Foto cortesía @MedioAmbienteSV).Las consecuencias de las noches calurosas sobre el sueño se observan tanto en el corto como en el largo plazo. En el corto plazo, muchas personas manifiestan dificultad para conciliar el sueño, despertares constantes y sensación de cansancio durante el día. En el largo plazo, la privación acumulada repercute en la presión arterial, favorece la aparición de enfermedades metabólicas como la diabetes, incrementa el riesgo de accidentes cerebrovasculares y afecta el control del peso corporal.PUBLICIDADEl informe de Climate Central advierte que el fenómeno se ha duplicado desde la década de 1970, mientras la tendencia apunta a que la situación se intensifique si no se adoptan medidas estructurales para enfrentar el calentamiento global y la desigualdad en el acceso a soluciones de refrigeración.La calidad del sueño es fundamental para el bienestar. Una higiene adecuada contribuye a un descanso más profundo y reduce el riesgo de enfermedades físicas y mentales. Los expertos señalan que tanto los hábitos previos como el ambiente del dormitorio influyen directamente en la posibilidad de lograr un sueño reparador.Un hombre joven duerme plácidamente sobre una almohada blanca en una habitación tranquila, destacando la relevancia del descanso nocturno para el bienestar físico y mental. (Imagen Ilustrativa Infobae)Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse todos los días.Evitar dispositivos electrónicos al menos una hora antes de dormir.Crear un ambiente oscuro, silencioso y fresco en el dormitorio (18 a 21°C).Realizar actividades relajantes antes de acostarse, como leer o practicar respiración profunda.Limitar el consumo de cafeína y alcohol en la tarde y noche.No realizar comidas fuertes antes de dormir.Realizar actividad física de forma regular, pero evitar el ejercicio intenso cerca de la hora de acostarse.Exponerse a la luz natural por la mañana para reforzar el ritmo biológico.Tomar un baño con agua tibia ayuda a controlar la temperatura del cuerpo y evita la deshidratación.El efecto de las altas temperaturas nocturnas no se distribuye de manera uniforme. En Centroamérica, las diferencias en el acceso a recursos como el aire acondicionado o la infraestructura adecuada amplifican el impacto entre las familias de menores ingresos, quienes pueden sufrir pérdidas de sueño superiores a las estimadas por los estudios.PUBLICIDADAcevedo recalcó que, en zonas donde la temperatura nocturna supera los 40°C (102 a 104 grados Fahrenheit), el riesgo de golpe de calor se incrementa y puede generar complicaciones graves, como daño renal o problemas vasculares, además de un deterioro en la salud mental.La evidencia recopilada por los especialistas y los informes internacionales subraya que la privación de sueño por calor nocturno constituye un desafío creciente para la salud pública en la región, con efectos que trascienden el cansancio y afectan el funcionamiento integral del organismo.
La pérdida de sueño por el calor nocturno en Centroamérica incrementa el riesgo de deterioro en la salud mental
Un especialista salvadoreño recalcó los problemas que las personas pueden experimentar por la falta de sueño asociada al calor nocturno, como alteraciones en el estado de ánimo, dificultades cognitivas y una mayor vulnerabilidad a trastornos de salud mental







