Mar�a Santamar�a MadridActualizado Martes,
julio
22:40Entre las cuatro paredes de un hogar se guardan los recuerdos de toda una vida y para Francisca L�pez Ruiz, Paquita, esas mismas paredes se han convertido hoy en una angustiosa cuenta atr�s.A sus 82 a�os, con un grado tres de dependencia y conviviendo con el Parkinson, se enfrenta al momento m�s desgarrador de su vida: el desalojo inminente de la casa que ha habitado durante casi tres d�cadas en la calle Santa Ana, en pleno coraz�n del barrio madrile�o de La Latina.Para Paquita, este piso no es s�lo un techo, es el lugar donde descansan todos sus recuerdos: "Para m� esta casa significa toda la vida. Mi madre y me marido murieron aqu�", relata intentando contener las l�grimas desde el sof� del sal�n de su casa, donde se encuentra rodeada de fotos de sus seres queridos.La Secci�n Civil del Tribunal de Instancia de Madrid, plaza n�mero 36, ha suspendido cautelarmente el lanzamiento de Paquita, de 82 a�os, previsto inicialmente para este mi�rcoles.En una providencia, fechada este martes, el magistrado-juez detalla que se ha dirigido a las Administraciones competentes para que puedan verificar la situaci�n de vulnerabilidad y, de existir esta, presentar al Juzgado una propuesta de vivienda digna en alquiler social, de medidas de atenci�n inmediata, as� como de las posibles ayudas econ�micas y subvenciones de las que pueda ser beneficiaria la parte demandada, sin haber obtenido respuesta.El magistrado juez reclama la emisi�n del informe solicitado con car�cter urgente, que deber�n notificar a este �rgano judicial en el plazo m�ximo de diez d�as, suspendi�ndose cautelarmente el lanzamiento previsto para este mi�rcoles.Tras toda una vida en Madrid, adonde lleg� desde Huelva con apenas 15 a�os, y habiendo pagado religiosamente su alquiler de 1.150 euros al mes durante 28 a�os, la perspectiva de perder su hogar la deja sin palabras: "Me siento muerta porque esta es mi vida, esto es todo lo que tengo".Detr�s de su expulsi�n no hay un impago, sino la especulaci�n inmobiliaria. El lugar pertenece a Tolesanta S.L., una entidad que acumula decenas de viviendas en la zona para transformarlas en alojamientos vacacionales, expulsando a los vecinos de siempre.En el propio bloque de Paquita, la Asociaci�n Vecinal La Chispera ha detectado y denunciado al menos 21 pisos tur�sticos ilegales.La convivencia se ha vuelto insostenible para los pocos residentes que quedan: "Hay d�as que te encuentras todo el portal lleno de basura por los suelos y de porquer�a", lamenta la vecina, describiendo el trasiego constante de maletas y ruidos. Para ella, est� muy claro el objetivo de su desahucio: "Quieren convertir mi casa en un piso tur�stico. S�lo quieren dinero, dinero y dinero".Red comunitariaEl arraigo de Paquita en el barrio va mucho m�s all� de las cuatro paredes de su sal�n: es la red comunitaria invisible pero vital que la sostiene d�a a d�a. Tras d�cadas recorriendo las mismas calles, cruzar una palabra con los tenderos o apoyarse en el brazo de una amiga para tomar un caf� al atardecer son sus verdaderas medicinas contra la soledad.Arrebatarle su entorno equivale a eliminar de golpe su red de cuidados y su autonom�a. Como ella misma recuerda, abandonar estas aceras implica perder la memoria viva de su juventud y la seguridad de un vecindario que la conoce desde que era una muchacha reci�n llegada del sur.Francisca L�pez sentada en el sill�n de su sal�n.Javier BarbanchoA este desgaste emocional se le suma un laberinto de papeles burocr�ticos que parece ignorar la fragilidad humana de Paquita. El margen de apenas tres semanas otorgado para abandonar la vivienda resulta inviable para una familia sin recursos ni tiempo de sobra, obligada a lidiar con un mercado inmobiliario que ha cerrado las puertas al alquiler tradicional."�C�mo vas a buscar una casa del d�a uno al d�a 22 sin poderme valer bien y con mi hijo trabajando sin m�s remedio?", se pregunta con impotencia la mujer. Mientras tanto, el avance silencioso de la turistificaci�n sigue reescribiendo la identidad de La Latina, sustituyendo el barrio d�nde se conocen todos, por c�digos de acceso digital en las puertas y maletas de turistas.Falta de ingresosLa situaci�n es l�mite. Paquita vive con su hijo Carlos, de 47 a�os, quien trabaja en jornadas completas en el sector del transporte. A la falta de ingresos suficientes para competir con los precios desorbitados de la capital, se suma un mercado del alquiler muy dif�cil de cara a la vivienda de larga estancia: "Solo quieren un alquiler de un a�o o tur�sticos".Por ahora Paquita no tiene respuesta ni ayuda de los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid a los que se�ala: "Tienen demasiadas cosas encima y no piensan en los dem�s", as� la familia no cuenta con ninguna alternativa habitacional donde ir.Por su parte desde Servicios Sociales apuntan que "la unidad familiar no se encuentra en situaci�n de vulnerabilidad econ�mica", aunque afirman que el "Samur Social acudir� al lanzamiento y realizar� una valoraci�n t�cnica del caso".El levantamiento estaba previsto para hoy a las 11.00 horas, pero a �ltima hora de la tarde de ayer el abogado de Paquita le inform� de que se hab�an aplazado.De todas formas, los vecinos se concentrar�n a las 10.30 horas a las puertas de su edificio (Calle Santa Ana, n� 6) bajo el lema "Todas somos Paquita". Ante la amenaza de quedarse en la calle, Paquita no pierde la dignidad, aunque admite su angustia: "No tenemos ning�n plan. Ser� lo que Dios quiera y salga".Paquita en el interior de su hogar hablando por tel�fono.JAVIER BARBANCHO








