La compañía de telecomunicaciones Ericsson celebra este año sus 150 años en un entorno complicado al tiempo que esperanzador. Börje Ekholm, su actual consejero delegado, cederá el puesto en octubre a Per Narvinger, un hombre de la casa que será el encargado de culminar la reestructuración de la empresa y dar la vuelta a unos resultados financieros como los conocidos esta semana. Unos resultados que han arrojado un descenso de la facturación del 8,2% entre enero y junio, hasta los 9.234 millones de euros y unos beneficios del segundo trimestre que fueron un 11,4% inferiores, especialmente lastrados por los negocios fuera de Europa.Una situación que no preocupa en exceso a Juan Olivera, principal ejecutivo de la división ibérica de la compañía y presidente del consejo de administración en España.¿Qué impacto tendrá este cambio en Ericsson España?No espero grandes cambios. Ericsson nunca ha sido amiga de las revoluciones, sino más bien de las evoluciones. Narvinger conoce a la perfección tanto las áreas de negocio como las de producto y ha estado estos últimos años muy cerca del actual consejero delegado. Espero una continuidad, sin perjuicio de que introduzca, por supuesto, cambios que marquen su perfil propio.¿Qué papel desempeña España en los negocios del grupo?España es una división muy importante para Ericsson, llevamos 104 años en el país. Más allá del volumen de negocio (del que no aportan datos) somos un país estratégico porque aquí se localizan dos de los centros de I+D mundiales de la compañía. Ericsson invierte cada año el 22% de la cifra de negocio, unos 5.000 millones en I+D. En España hay dos centros globales de I+D con 1.000 ingenieros e investigadores que dan servicio a 380 operadores de todo el mundo. El de Málaga, especializado en IA y software cognitivo, y el de Madrid, enfocado en el desarrollo de las funciones globales de red core 5G y ya trabaja también en 6G. España lidera en talento, universidades y, por tanto, somos muy buenos en innovación.Ericsson es una de las pocas compañías europeas capaz de competir en suministros para la tecnología 5G con las empresas asiáticas como Huawei, ahora vetadas por la Unión Europea como proveedoras. Esto es una puerta para disparar su negocio, supongo.Ni a Ericsson ni a mí nos corresponde hacer una valoración de las decisiones políticas de la Unión Europea. Lo que a nosotros más nos beneficiaría es que el mercado de telecomunicaciones fuera un mercado mundial con las mismas reglas para todos en todos los países. Porque el nuestro es un negocio de volumen.Pero no es así.Efectivamente, no es así. Nuestros equipos en China se están sustituyendo solo porque somos europeos. Eso supone que hemos perdido el 8% del negocio que teníamos en aquel país, que en volumen es casi tanto como el 45% del que tenemos en todo el resto del mundo.¿Entiendo que por ello piden reciprocidad en Europa?No pedimos nada. Esto no va de estar a favor o en contra de nadie. Ni de Nokia ni de Huawei ni de Samsung. Esto es una cuestión de posición geopolítica en un momento en que la geopolítica lo está cambiando todo. No va de estar en contra de Huawei, va de Europa. En Ericsson ponemos en valor que somos una compañía europea que durante 150 años ha garantizado los valores europeos que en este momento son muy necesarios para el continente. La nuestra es una historia de éxito y, sobre todo, de innovación. Siempre hemos tenido una visión a largo plazo. Apostamos por la tecnología móvil cuando nadie lo hacía en los ochenta del siglo pasado, lanzamos terminales que fueron líderes de mercado. Ahora somos punteros en hacer posible que existan redes móviles en todo el mundo y siempre hemos mantenido los mismos valores. Lo que defiende Europa y, además, nuestra tecnología, como dicen todas las comparativas del sector, es igual o mejor que cualquiera de las asiáticas o de otras partes del mundo.Lo que también dicen muchos informes es que el coste de cambiar la actual tecnología asiática presente en Europa tiene un coste desorbitado.Eso no es cierto. Cualquier equipo tecnológico, sea de la empreas que sea, tiene un ciclo de vida útil. Los equipos que la UE ha instado a sustituir en la tecnología móvil lo tienen entre los seis y los siete años. Considerando que esa legislación es de principio de esta década, ya está próximo a su relevo natural. Ahora esa prohibición se ha extendido a otros sectores y ocurrirá lo mismo. Lo que Europa tiene que hacer, si toma la decisión de garantizar sus comunicaciones, es organizar los plazos de sustitución de esa tecnología por tecnología europea que garantice las comunicaciones que ahora se ha dado cuenta que son estratégicas. Otros países entendieron esto mucho antes.España no está apoyando esa prohibición a Huawei. ¿Qué opina de la posición española?Lo que los políticos europeos deben tener en cuenta es que no se puede estar reclamando, por un lado, una legislación que permita crear gigantes europeos y, por otro, tratando de que cada país pueda imponer sus criterios. Europa ya es un mercado único. Es un mercado de 450 millones de habitantes con una de las rentas per cápita más altas del mundo. Lo que necesita es que se facilite a las empresas llegar a ese mercado y superar que haya 27 legislaciones diferentes. Así es como ganaremos la suficiente escala como para poder competir en el ámbito de los operadores y también de los proveedores.Más allá de los conflictos geopolíticos, ¿cómo ve el sector de las telecomunicaciones? ¿Qué riesgos atisba?El riesgo más peligroso al que nos podríamos enfrentar es que el mundo diverja en tecnologías diferentes. El 4G fue un gran éxito porque, por primera vez en la historia, permitió unificar la tecnología y que el mismo terminal móvil pudiera funcionar en todo el mundo. 5G y 6G siguen esa tendencia. Eso nos permite a las empresas tener un mercado mundial. Si esto se rompe sería terrible para el sector. El otro riesgo, más a corto plazo, es que las autoridades europeas, las españolas son más avanzadas en este campo­, frenen las oportunidades de segmentación de red que ofrece la tecnología. El denominado network­ slicing. Poder discriminar para garantizar una conexión de mayor calidad para infraestructuras críticas, empresas estratégicas, e incluso pagar con el móvil las consumiciones en un gran evento, es un gran avance que no debería ser frenado.¿Por eso ha criticado la decisión española de obligar a garantizar cuatro horas de suministro en casos de crisis?Lo que hay que garantizar es la conexión­ de los servicios esenciales, no que mi hijo envíe un vídeo a su abuela para decirle que se ha ido la luz. La tecnología permite esa segmentación, la legislación también debe hacerlo. Quieren proteger al consumidor, pero acceder a Facebook en esos momentos no es prioritario. Y la segmentación es un negocio que puede ayudar mucho­ a empresas que ahora se enfrentan­ a tensiones financieras que son todo un reto­.Licenciada en Periodismo. Master en Información Económica. Ha trabajado como directora en Capital y BolsaCinco. Redactora en Público, El País, El Economista. Jefa de Comunicación en Airef. En La Vanguardia desde 2018