El siempre provocador Chuck Palahniuk regresa con la que podría ser su novela número 20, Inducción por shock (Random House), aunque hasta él mismo, que ha pasado unos días en España como invitado del festival de terror, ciencia-ficción y fantasía Celsius 232 en Avilés, ha perdido la cuenta. La novela se presenta como una muy fragmentada trama en torno a una corporación, Greener Pastures, que, en un futuro no muy lejano –año 2032–, monitoriza, mediante toda clase de pruebas insertadas en el sistema educativo, a niños con altas capacidades que serán subastados para ocupar puestos de la más alta responsabilidad, al frente de compañías o países. Entre ellos, está la protagonista, Samantha Deel, hija única de una familia white trash destinada a convertirse en la Reina de Inglaterra. Una narración psicotrópica, aderezada con toda clase de drogas y técnicas de hipnosis, que el eterno autor de El club de la lucha sirve con sus habituales dosis de escatología y ultra violencia hasta completar una negra sátira de Estados Unidos.El título de la novela“Inducción por shock es cuando el hipnotizador te tira del brazo y te duermes, quería que ese tema atravesara el libro”Hay cinco adaptaciones cinematográficas en marcha de diferentes novelas suyas, ¿cómo vive este interés de Hollywood, más de 25 años después de la película ‘El club de la lucha’?Tengo muy poco que ver con esos proyectos. Para invertir tanta energía y dinero en mis criaturas, tienen que adoptarlas, y creo que no les gustaría una custodia compartida. Así que me mantengo alejado. El único proyecto en el que me he implicado es un libro de 800 páginas sobre El club de la lucha que David Fincher publicará en otoño. Se llamará La primera regla es , y contiene entrevistas a cientos de personas que, de una manera o de otra, tuvieron que ver con la película.‘Inducción por shock’ es muy cinematográfica, ¿el cine le resulta inspirador?No mucho, pero me gustan los libros con más acción que conceptos abstractos. En mis novelas, siempre intento meter mucha acción física y escenas espectaculares. En cine costarían una fortuna, pero a mí me salen gratis. Un aspecto que me fascina del cine es el montaje, que sepan captar el momento en el que el espectador parpadea, justo cuando ya ha entendido el sentido de un plano antes de saltar a otro. Ha influido mucho mi manera de editar y de escribir. Quiero que la historia se desarrolle con la misma precisión y ritmo que una película.La estructura de la novela es muy fragmentada, ¿tiene eso que ver con que primero la publicase por entregas en Substack?No creo. En ese momento, estaba muy claramente dividida en capítulos, como si apareciera en una vieja revista. Fue luego cuando la fragmenté considerablemente para poder meter mucha información auténtica sobre técnicas de hipnosis, como la del título, que es cuando de repente el hipnotizador te tira del brazo y te quedas dormido, porque quería que ese tema atravesara el libro.Estuvo en un congreso de hipnotizadores, ¿qué fue lo que le llamó más la atención?Me fascina cómo emplean los recursos de la retórica clásica en la hipnosis, igual que en las canciones y la poesía. Todos los textos destinados a ser leídos en voz alta, como también los discursos, tienen que utilizar la retórica y tener ritmo. Esa música es lo que me gusta de la hipnosis.A nivel humano, también tuvo que ser interesante aquel congreso, ¿no?Era la convención de hipnosis más grande del mundo, Hypno-Thoughts, cuya nueva edición se celebra ahora mismo en Las Vegas. Sin querer generalizar demasiado diría que los hombres son más entertainers de clubs nocturnos, mientras que las mujeres están más en terapias. Vi una diferencia muy clara entre mujeres amables y empáticas frente a hombres manipuladores y controladores...¡La batalla de los sexos también en la hipnosis!Bueno, estuve en la clase de una mujer que enseñaba muy seriamente cómo aumentar el volumen de los pechos mediante hipnosis: mostraba fotos de sus pechos para demostrar cómo había ido ganando tallas en pocas semanas.¿Cree que vivimos en una sociedad completamente hipnotizada por internet y todo lo que implica?El ritmo entrecortado de la novela refleja esa navegación por la web donde miramos cien cosas a la vez. Pero hace cuarenta años ya hacíamos zapping con el mando a distancia mirando la televisión.¿No es peor ahora cuando los móviles son como llevar la tele en el bolsillo o la prolongación del brazo?Hace cuarenta años todo el mundo decía que los videoclips eran cosa del diablo porque los cortes eran demasiado rápidos y arruinarían la capacidad de atención de la gente. Decían que la música no debía llevar imágenes y que los videoclips eran algo maligno. Pero superamos aquello, sobrevivimos a los videoclips.Una novela ‘fix-up’ de ciencia-ficciónLa próxima novela de Palahniuk, su debut en la ciencia-ficción, aparece en enero en EE.UU. En la portada, un bus escolar vuela sobre una ciudad del futuro bajo el título de Galleria. “Va sobre un chico de 19 años que no ha visto al padre en una década. El padre es un pésimo escritor de ciencia-ficción y el hijo va por librerías de segunda mano en busca de pistas. Es una novela fix-up, como Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury: escribía relatos para revistas y un editor le animó a reunirlos añadiendo nuevos textos, y así compuso una historia sobre la conquista de Marte. Me encantan estas novelas por cómo los autores relacionan historias sin nada que ver”.En la novela aparece un número sexual en OnlyFans hilarante e inquietante. ¿Para las nuevas generaciones monetizar la intimidad ha volatilizado una frontera moral?El problema con OnlyFans empieza cuando el usuario cree que está teniendo una relación íntima y emocional con la persona que hace su número sexual. No. Sólo es una transacción económica. En mi novela Snuff una mujer quería hacer una gran película porno. Muchos de sus fans querían participar, pero no funcionaban sexualmente por estar demasiado enamorados de ella. Esas extrañas ideas sobre lo que la gente piensa que es el amor y la intimidad son aterradoras.A mí me aterra cuando veo una pareja en un restaurante y, en vez de hablar, cada uno está con su móvil.A mí también. Pero crecí en una familia muy lectora en la que cada uno se sentaba a la mesa con el libro que leían. También hay familias en las que todos se sientan y miran la televisión.¿Se considera un tipo optimista?Estoy completamente convencido de que sobreviviremos a lo que sea que nos depare el presente.¿Entonces no le preocupan nuestros problemas de falta de atención?No, lo que me preocupa es la calidad de lo que se nos ofrece: cuando un libro tiene éxito, aparecen demasiadas copias pésimas, y eso es lo que lo arruina todo. Me gustaría leer más libros que den ganas de escribir, especialmente para los jóvenes. Ahora hay muy pocos libros dirigidos a ellos.¿Por eso aparecen tantos clásicos recreados en ‘Inducción por shock’? ¿Cree que ese tipo de literatura ha muerto, que Anna Karenina no podría vivir en el siglo XXI?Se refiere a libros extensos –en su día muchos publicados por entregas– que se escribieron en una época en la que empezaba a introducirse la iluminación eléctrica o de gas. De repente, la gente dispuso de mucho tiempo libre por las tardes. Por eso buscaban obras muy extensas para llenar ese tiempo, y además, a los autores se les pagaba por palabra. Dickens o Thackeray cobraban por palabra, les pagaban por textos muy largos. Hoy en día, ya no es así, y la gente tiene menos tiempo. Por eso intento que mis novelas no se alarguen innecesariamente.Donald Trump me parece muy hipnótico, con ese pelo, la cadencia de su voz... ¿No le ve cualidades hipnóticas?Creo que una parte importante de la hipnosis es la de ser muy aburrido. Hay un método para inducir a la gente al trance que consiste en ser intencionadamente aburrido. Desde ese punto de vista Trump podría resultar hipnótico porque es muy aburrido.‘ Inducción por shock’ puede leerse como una sátira de la meritocracia, una de las bases del sueño americano, ¿por qué ahora?No creo que sea particular de nuestro tiempo. Quería mostrar las ansiedades de los jóvenes cuando les toca elegir entre lo que les gustaría hacer y lo que se espera de ellos, si prolongar los estudios o formar una familia. La escribí porque no creo que se haya escrito una novela sobre la presión que se vive a esa edad.¿Por eso hay tantos exalcohólicos de veintipocos años en EE.UU.?Sí, creo que es más específico de EE.UU. por la presión de ese sueño aspiracional, la promesa de que lo pueden conseguir todo. Se les considera unos vagos si no logran aquello que se supone que deben alcanzar. Es muy injusto y, a veces, por miedo al fracaso, prefieren no intentarlo. Luego sienten una vergüenza tremenda por no haber logrado lo que otros.