En la zona mixta, de la que los jugadores argentinos huyeron con nocturnidad y alevosía después de perder la final, demostrando su inexistente grandeza en la derrota, un periodista brasileño hacía un resumen de lo visto en el Mundial más largo de la historia: “Por fin ganó el fútbol”.Otro periodista brasileño provocó sobresalto en la masiva rueda de prensa del viernes cuando preguntó a Rodri, el capitán español, cómo se iba a defender España del juego subterráneo de los argentinos y de la permisividad arbitral hacía sus marrullerías. Rodri se salió del marrón con elegancia, haciendo un elogio del rival y de su estilo de juego, a pesar de lo visto.El presidente de EE.UU, Donald Trump, y el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, fueron abucheados al salir a entregar los trofeosMARK J REBILAS / ReutersLee tambiénEs obvio que entre los dos gallitos sudamericanos se las tienen. Pero ese par de escenas, reforzadas por expertos que se pueden considerar más imparciales, ponen de relieve algo que ha dejado un aroma de corrupción debido a la mano interesada en el negocio de Gianni Infantino, el presidente de una FIFA que para muchos ha perdido el poco respeto que se le atribuía al tratar de influir no solo en el balance de cuentas, sino en el resultado de los partidos.Esta es la peor herencia, pero no la única, que deja como legado esta Copa del Mundo elitista, más enfocada a la recaudación que a la calidad del juego. ¿Juego?. Y eso que es, que vengan Shakira y Madonna y protagonicen el descanso más largo de la historia de este deporte en aras de la comercialidad.O esas pausas de hidratación, aunque las temperaturas no fueran altas en exceso, para facilitar la publicidad televisiva.El gran jefe de la FIFA, haciendo de correligionario de Trump, se llena la boca diciendo que nunca se había logrado una asistencia similar, con 6,8 millones de espectadores en los campos (tampoco nunca hubo tantos equipos,48), con una media de asistencia de 65.490 personas.Gracias a los precios dinámicos de las entradas, la FIFA ganará este año 15.000 millonesEn esta línea, la organización anunció unos ingresos récord de 15.000 millones de dólares este año, superando los 11.000 previstos. Parte de ese incremento se debe a la decisión de implantar precios dinámicos para las entradas (es decir, que subían a su antojo) y al hecho de que la FIFA recibe un porcentaje de las ventas de los tickets en el mercado de reventa. El precio medio de una entrada para la final alcanzó un récord de 10.835 dólares, el acontecimiento deportivo más caro jamás registrado. No eran pocos los tenedores de entradas a los que les daba vergüenza hablar de lo que habían pagado. Gana la FIFA, se empeñan los hinchas.Infantino, postrado ante el presidente Trump, para el que creó un remedo del premio Nobel de la Paz, sale mal parado en la opinión pública y popular, como se demostró en el sonoro abucheo que recibieron él y Trump, al bajar el domingo de su jaula dorada para hacer la entrega de premios del campeonato.Lee tambiénLa mancha mayor será por siempre más esa llamada de Trump a Infantino para quitarle la roja a Folarin Balogun, delantero más que discreto pero que en la narrativa propagandístico victoriosa de EE.UU. parecía descendiente del mismísimo Pelé.Conspiración o no, las sospechar de amaños surgieron incluso antes. En el debut de Argentina, el 16 de junio, en Kansas contra Argelia, Messi anotó un triplete. Pudo no ser. Sin mala intención, el astro de la Masia realizó un entrada escalofriante a un rival. Ni tarjeta, aunque los comentaristas de la Fox, tan favorables al 10 albiceleste por cosas de audiencia, reconocieron que era de expulsión.Hubo más casos de favoritismo. Croacia pagó caro atacar el mito Cristiano Ronaldo. A pesar de que Trump diga que Estados Unidos es “una nación de soccer”, eso no es cierto. La mayoría no tiene ni idea de qué va esto.Así que se vendió el torneo al estilo Hollywood. No jugaban selecciones, sino grandes nombres. Que cada uno elija el bien y el mal, pero la idea que se sonsaca, según no pocos analistas, es que la FIFA trató de proteger a los jugadores espectáculo.El MetLife era uno de los peores escenarios para la final, pero está cerca de Nueva York, la atracción turísticaY había que jugar la final en el MetLife, un estadio obsoleto, desfasado, incómodo, en medio de la nada en East Rutherford (Nueva Jersey), con una hierba lamentable que iba contra la calidad de este deporte. Pero eso sí, Nueva York está a cruzar del río Hudson y se podía utilizar el nombre de la gran capital global como reclamo turístico. Que importa el fútbol si se hace una buena caja.