Ha muerto Luis, el menor de los hermanos Goytisolo. Lo traté poco, a diferencia de José Agustín, con quien tuve una buena amistad, o de Juan, que no llegué a conocer. Con José Agustín hablábamos en catalán; con Luis, siempre gentil y algo distante, en castellano. Quizá es significativo. En asunto de simpatías lingüísticas y culturales, las aproximaciones son instintivas, y las diferencias de temperatura se sienten con precisión de décimas.
El caso de los Goytisolo, tres escritores de gran nivel, es insólito. Luis Goytisolo lo atribuía a un golpe de dados de la genética. Habían existido letraheridos en su família, comentaba, y “de repente, siguiendo las leyes de Mendel de los guisantes lisos y amarillos, aparecieron tres ”verdes y rugosos“ de golpe: mis hermanos y yo, tres escritores. Es un caso de concentración genética.” Caso excepcional, pero no único: sucedió con las hermanas Brontë, o con los hijos de Thomas Mann.










