Los domingos, a diferencia de otras ciudades europeas, los centros urbanos de varias zonas de Alemania pueden parecer inquietantes. Todas las tiendas están cerradas y solo permanecen abiertos algunas panaderías o supermercados durante unas horas. Es lo que en el país llaman “Sonntagsruhe”, el descanso dominical. Más que un hábito, es una tradición que nació en la época de Weimar y que hasta forma parte de la Constitución del país. El artículo 140 proclama que los domingos y festivos son días “de descanso laboral y de reflexión espiritual”. Un día especial para ir a misa, pasear por el parque o disfrutar de la familia. No para comprar. Durante décadas, prácticamente nadie ha puesto en duda esta tradición dominical. Hasta que llegó un gobierno casi desesperado por reactivar la economía. El canciller Friedrich Merz presentó este mes de julio un paquete con varias medidas para combatir el estancamiento. Entre ellas, flexibilizar la apertura de las panaderías y bibliotecas los domingos. Estos dos sectores tienen permitido abrir solamente tres horas los domingos. El cambio que propone Merz aumentaría el horario a ocho horas en el caso de las panaderías y a seis en el caso de las bibliotecas. TE PUEDE INTERESAR La misma ley que el canciller quiere flexibilizar solo permite que abran los domingos los cafés, restaurantes o gasolineras (sin contar los servicios de emergencia) a menos que haya un festival o fecha concreta que se contempla como una excepción. En el caso de los supermercados, solamente pueden vender artículos de primera necesidad, como bebidas o pan. Esta ley ha dejado escenas que pueden parecer surrealistas en otros países europeos, como la de un supermercado bio en Berlín que, cada domingo, coloca barreras en todo el establecimiento para guiar a los clientes hacia la sección de panadería y las neveras con bebida para evitar que se acerquen a los productos "prohibidos". Pero Friedrich Merz no quiere abrir la puerta al fin de la Sonntagsruhe por estas anécdotas. La economía alemana sufre un estancamiento desde 2019 y, en este tiempo, ha sufrido varios reveses por los aranceles estadounidenses y la competencia china en un sector tan importante para el país como el automovilístico. Además, el ejecutivo sostiene que los trabajadores tienen un problema de productividad que pone trabas a la reactivación de la economía. "Vender una camisa un domingo es delito" La flexibilización del horario laboral para las panaderías y bibliotecas entraría en vigor el 1 de enero de 2027. La decisión ha provocado críticas por varios sindicatos y organizaciones religiosas. Pero también una fuerte reacción de organizaciones minoritas que piden a Berlín que vayan más allá y que eliminen la mayor parte de las restricciones dominicales. "Tenemos una economía terrible y la confianza del consumidor es muy baja", declaró Stefan Ghent, director general de la federación de comercio minorista HDE, a The Wall Street Journal. "¿Es este el momento de impedir que quienes desean trabajar lo hagan?" Algunas organizaciones han hecho ya sus cálculos. La Federación Alemana de Minoristas prevé hasta 1.000 millones de euros en ventas adicionales gracias a la apertura los domingos. “La cifra es cuestionable, ya que los clientes no necesariamente gastan más dinero solo porque tengan más oportunidades de hacerlo. Quizás, en cambio, disminuirían las ventas entre semana. O las ventas online”, apunta la periodista económica Tina Groll en un artículo de opinión de Die Zeit. Más allá de las cifras, miembros del colectivo como Nils Busch-Petersen, director general de la Asociación de Comerciantes de Berlín-Brandeburgo, apuntan que los comerciantes se merecen decidir cuándo abrir sus tiendas. "En Alemania, cualquiera que venda una camisa un domingo está cometiendo un delito. Eso está desfasado en la era digital", dijo en una entrevista con el mismo periódico alemán. TE PUEDE INTERESAR Otros como René Glaser, presidente de la asociación comercial de Sajonia, también se manifestaron a favor de legalizar la apertura de los comercios los domingos. "Según la legislación actual, la apertura los domingos siempre requiere una ocasión especial. Los requisitos a veces son poco claros. Es prácticamente imposible para los municipios obtener permisos legalmente válidos. Se necesita urgentemente un cambio en la ley", añadió a BILD. En Alemania, esta ley depende de cada estado, los länder. En Baviera y Baden-Württemberg, los panaderos pueden trabajar tres horas los domingos para la producción y el reparto, mientras que en Renania del Norte-Westfalia el máximo es de cinco horas. Quienes permanecían abiertos más tiempo solían aprovechar un vacío legal: los establecimientos con cafetería están sujetos a la ley de hostelería y gozan de mayor flexibilidad. Los expertos legales distinguen entre "trabajar el domingo" y "para el domingo". Lo primero está prohibido, mientras que lo segundo incluye actividades necesarias para garantizar un descanso para la mayoría de las personas que no trabajan. Bajo esta premisa, los supermercados pueden vender, por ejemplo, refrescos porque es una necesidad que puede tener una familia que está paseando por el parque. Pero no otro producto que no pueda consumirse fuera de casa, como una verdura que necesita ser cocinada o una lata de comida que debe calentarse. En el caso de las panaderías, a los trabajadores solo se les pueden asignar tareas específicas, como la producción, distribución o entrega de productos horneados destinados a la venta ese mismo día. Está prohibido que un empleado prepare un domingo masa para la semana siguiente. La enésima medida contra la crisis Nils Busch-Petersen critica este tipo de condiciones legales y apuesta por un modelo en el que nadie obligue a las tiendas a abrir, pero que se les permita hacerlo si hay un acuerdo entre el dueño del negocio, los empleados y el personal. "Si tan solo uno de los tres no lo quiere, no habrá tienda abierta. Pero si los tres lo quieren, ¿por qué no iban a abrir el comercio el domingo?", cuestiona. El posible fin de la Sonntagsruhe es una de las medidas del paquete de reformas que presentó Friedrich Merz a principios de julio. La medida ha sido polémica, pero no ha sido la única. El gobierno liderado por la coalición entre los democristianos y los socialdemócratas anunció la suspensión de los certificados de baja laboral emitidos por teléfono y la exigencia de que se emitan desde el primer día de enfermedad en lugar del cuarto, como estaba estipulado hasta ahora. La decisión fue interpretada como un golpe a la sanidad, según los analistas, y por la población como una falta de confianza por parte del gobierno hacia ellos. Para Merz, fue una de las decisiones "difíciles" que completaban una reforma de 12 puntos y 34 páginas para capear el temporal económico. Enzo Weber, jefe de investigación del Instituto de Investigación sobre el Empleo de Nuremberg, resumía la situación a El Confidencial. "Nos encontramos en el quinto año de estancamiento; Alemania está sumida en una crisis de renovación: la reestructuración económica avanza lentamente, el mercado laboral apenas se mueve y las inversiones son escasas. El desempleo aumenta, pero al mismo tiempo, hay escasez de mano de obra cualificada". TE PUEDE INTERESAR En los últimos años, tanto expertos como excancilleres han propuesto varias formas de aumentar la productividad en Alemania. Desde eliminar un día festivo, hasta fomentar las horas extra. Weber proponía en una entrevista anterior con este periódico un modelo flexible basado en trabajar "X días a la semana" y en el que cada uno puede ajustar sus horarios en función de sus necesidades. Todas estas posibles soluciones son los signos de la preocupación que ronda por las cabezas de muchos alemanes que han visto cómo han pasado de ser la "locomotora" de Europa a que sus niveles de productividad estén en tela de juicio. "Algo huele mal en Alemania. Los viejos y rígidos modelos de horario laboral se están desmoronando, y con ellos el mito del alemán trabajador", concluyó un ensayo publicado en Süddeutsche Zeitung el año pasado. A muchos alemanes no les gustan los cambios. No les gusta que su imagen de personas aplicadas ya no sea la misma. No les gusta que su economía haya dejado de ser un ejemplo para Europa. Tampoco algunos de los cambios que propone el nuevo gobierno para intentar combatir el estancamiento. Es el caso de Markus Söder, el primer ministro de Bavaria, y su opinión sobre la flexibilización de los horarios los domingos. "Nada cambiará en lo que respecta al descanso dominical en mi estado", aseguró.
Alemania está tan preocupada por su economía que se plantea romper una tradición centenaria: no trabajar en domingo
Una propuesta de Friedrich Merz ha puesto encima de la mesa la posibilidad de flexibilizar los horarios de los comercios los domingos







