La obsesi�nEn el chiringuito promete protecci�n y la ligereza que sus m�s de 6.000 a�os de antig�edad garantizanBordadas (90 �), de Toni Pons. Cl�sicas (475 �), de Camila's. Con yute y ray�n (165 �), de Casta�er.GettyActualizado Martes,

julio

00:01Con sus ojos saltones y redond�simos, demasiado grandes para un cuerpecito que podr�a repantingarse en el interior de un bolso baguette, el loris se presenta ante el humano como un animalejo tierno y curios�n, digno de la imaginaci�n de un especialista en dibujos animados. La categor�a extraoficial del primate asi�tico es la de moner�a.El bicho de mirada ambarina, no obstante, es un peligro para el ser humano. Ante la amenaza, activa de un lametazo la gl�ndula que esconde en el pliegue del codo y un veneno tan potente que puede inducir el shock anafil�ctico se libera. Su enemigo puede acabar fuera de combate con s�lo un bocado.La alpargata birla al loris su estrategia de supervivencia. Con su capellada (empeine) de algod�n, el zapato seduce a sus v�ctimas con promesas de ligereza. Maleable tambi�n la talonera, ronronea a los pies que en verano buscan frescura. Promete la protecci�n de un zapato cerrado y la ventilaci�n garantizada que sus m�s de 6.000 a�os de antig�edad atestiguan.El verano parece ponerse en pie sobre una pir�mide invertida de esparto. Sandalias de tac�n y plataformas se declaran vencidas antes de intentar infiltrarse en la maletaEn el chiringuito, custodia la integridad f�sica de la superficie plantar gracias a t�cnicas que, como las descubiertas en 22 pares de zapatos hace un siglo y medio en la Cueva de los Murci�lagos de Granada, atraviesan los siglos. Sobre el asfalto, la esparte�a azul, verde, coral o burdeos sostiene la leve intuici�n que se revela frente a la orilla del mar cada verano: nada de lo que en la ciudad parece urgente resulta serlo.Conquistada ya la inclinaci�n del veraneante, la alpargata desvela su aut�ntica naturaleza. Ha sobrevivido al tiempo gracias a una formal�sima severidad. En su formato de babucha, el esparto se�ala la piel como un fierro marcador. Un laberinto de fibras secas recuerda a su portadora que un exceso de relajaci�n en las formas puede resultar un incordio. El paseo sobre alpargatas, quiere decir, se mantiene dulce y ligero en dosis breves.Alargada sobre una cu�a y cubierta al fin la fibra con una plantilla, el verano parece ponerse en pie sobre una pir�mide invertida de esparto. Sandalias de tac�n y plataformas se declaran vencidas antes de intentar infiltrarse en la maleta. Ni medio asalto durar�an ante el tac�n que princesas y reinas se anudan cada verano en las piernas. En las sobremesas y en la b�squeda del helado nocturno, los cordeles se desligar�n y lograr�n que un tembleque repentino sacuda el tobillo. Se trata, como el del loris, como el de aquello que resiste y debe ser protegido, de su propio mecanismo de defensa.