El zapato más antiguo que haya pisado nunca suelo europeo (el del sur, al menos) tiene 6.200 años. Todavía podría calzarse, un diseño prehistórico funcional, pero tan atemporal que hoy pasaría por pieza de artesanía contemporánea: la suela de fibra vegetal enrollada en ergonómica forma de ocho, una tira trenzada para sujetar el talón, otra para amarrar el empeine, tal que la de una chancla. “Destaca por la complejidad de su elaboración y el conocimiento técnico que revela, aportando información sobre una sociedad que conocía el entorno, seleccionaba materias primas y desarrollaba soluciones prácticas adaptadas a sus necesidades”, expone el equipo de jóvenes investigadores de la Universidad de Alcalá, en colaboración con la Autónoma de Barcelona, que hizo el hallazgo en la cueva de los Murciélagos de Albuñol, en la costa granadina, en 2021. Ahí estaban, una veintena de sandalias de esparto perfectamente preservadas para la eternidad por las excepcionales condiciones de humedad cero de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del Neolítico en la península Ibérica. El par de mayor relevancia, por elaboración y estado de conservación, tiene ahora su sitio en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.
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