“El país que controle los océanos controlará el comercio mundial, las riquezas del mundo y, en última instancia, al mundo mismo”. Seis siglos después de que el corsario, explorador y favorito de la reina Isabel I de Inglaterra, Walter Raleigh, formulara esta máxima geoestratégica, el presidente chino, Xi Jinping, la ha hecho suya y ha convertido el dominio marítimo en una prioridad absoluta para China. Una hegemonía que Pekín pretende alcanzar a través de la tecnología y el control de los principales puertos del planeta.
La Asamblea Nacional Popular ratificó la apuesta por el dominio de los mares en marzo con la aprobación del XV Plan Quinquenal (2026-2030) para el desarrollo económico. Este documento recoge la iniciativa de Pekín de fomentar la economía marítima al definirla como una industria estratégica, lo que significa que contará con ayudas estatales y la implicación de los sectores tecnológicos necesarios para que tenga éxito.












