20/07/2026 a las 20:38h.
La Copa del Mundo de Fabián es su madre. Por eso el jugador se hizo una foto con ella y con el trofeo para resumir su vida en el momento más difícil, que siempre es el del éxito, no el del fracaso: «Mamá, todo mereció ... la pena». Detenerse en la cima a recordar las fatigas es la mayor expresión de humildad que existe. Fabián Ruiz ha ganado todo lo que se puede ganar en el fútbol, va a pasar a la historia como uno de los jugadores con mayor palmarés y desde el rascacielos más alto de Nueva York, con el oro de la cumbre deportiva entre sus manos, ha gritado lo mismo que la Fernanda de Utrera cuando visitó por primera vez Manhattan: «Dios mío, ¿dónde está mi pueblo?». El de Los Palacios ha consagrado el aforismo que dice que se es toda la vida lo que se fue de niño. Él sigue siendo el chiquillo criado sólo por su madre, una luchadora que consiguió un trabajo como limpiadora en la ciudad deportiva del Betis y decidió llevarse a su hijo a las pruebas de la cantera por si el talento que había demostrado en los campos de albero del pueblo cuando aún no había hecho la Comunión le daba para labrarse una carrera alrededor de la pelota. Antes los chavales soñaban con ser toreros para sacar a sus padres de la carestía. De alguna manera, la historia de Fabián es la de una figura antigua del toreo. Curro Romero le dijo a su padre al tomar la alternativa en Valencia: «Tú ya no trabajas más». Su viejo, que tenía varios doctorados en la universidad de la vida, le contestó con modesto realismo: «Vamos a esperá un poquito, Curro, miarma, que esto es mu difísi». Fabián durmió muchas tardes en el asiento trasero del coche de su madre, después del entrenamiento, esperando que ella terminara de limpiar el vestuario. Y todos los días corría un poco más que los demás con la ilusión de poner fin a tantísimo sacrificio. Eso es lo que le hace invencible: que nunca buscó la vanagloria, sino la supervivencia. Le basta con lo justo. Porque su verdadera victoria está fuera del campo de fútbol. El Faraón cuenta que a partir del día que pudo comprarle a sus padres un piso con varias habitaciones dejó de torear sólo por dinero. Por eso su toreo es inalcanzable.














