Pedir la pelota una y otra vez sin importar si estás jugando el partido de tu vida o si el mismo te encuentra en una mala tarde. Agarrarla cuando a otros les quema. Ponerla debajo de la suela. Tocar e ir a buscar. Pisarla y encarar, como alguna vez dijo Ricky Centurión. Ir para adelante. Pisar el área. Y jugar con la cabeza fría y el corazón caliente. Enzo Fernández encarna como pocos el gen del futbolista argentino y lo demostró una vez más en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta, estado de Georgia, donde la Selección Argentina consiguió una victoria tan histórica como sufrida y sacó pasaje para la séptima final del mundo de su historia, la segunda en forma consecutiva."Estos momentos solo los puede regalar Dios. Somos unos privilegiados de integrar este grupo, esta Selección", expresó Enzo a la salida del vestuario. Y contó una anécdota particular sobre los últimos días, en los que vio imágenes del triunfo de Argentina sobre Inglaterra en 1986. "Con Juli (Álvarez) en la pieza estuvimos viendo tres o cuatro veces imágenes de Diego con Inglaterra y que se diera el mismo resultado es tremendo", contó Enzo, quien nació en 2001 y tiene 25 años. Luego, añadió: "Siempre lo dije, el Diego es lo más grande que hay y seguramente desde donde haya estado nos ayudó mucho".— SportsCenter (@SC_ESPN) July 15, 2026