Los residentes del hist�rico barrio de Lukianivka en Kiev comparten un chiste oscuro: los ataques rusos golpean la zona con tanta frecuencia que deber�an expedirles documentos de servicio militar, como si vivieran en la primera l�nea de la guerra.El agente inmobiliario Dmytro Zhekov reconoce el peligro desde el principio cuando intenta atraer a posibles inquilinos a una de las zonas de la capital ucraniana que m�s bombardeos recibe. En su aviso en redes sociales, destaca las muchas virtudes del barrio: alquileres asequibles, f�cil acceso al centro de la ciudad, una l�nea de metro bien conectada y monumentos hist�ricos. "Desde el principio les digo: 'Este es un lugar en la zona de peligro. Lo golpean con regularidad. Si les parece bien, entonces podemos verlo'", relata Zhekov.El distrito incluye una f�brica de armas de la era sovi�tica que se ha convertido en uno de los objetivos m�s frecuentes de Rusia, con el techo ennegrecido por ataques repetidos. Al otro lado de la calle, la estaci�n de metro Lukianivka, que da nombre al barrio, ha sido alcanzada al menos ocho veces. Durante las alertas a�reas, tambi�n sirve de refugio para los residentes. Los cr�teres se han convertido en una parte permanente del paisaje urbano.Los residentes ya no se preguntan si Lukianivka volver� a ser atacada, sino cu�ndo. Vivir en el barrio significa reabrir negocios junto a las ruinas carbonizadas de un mercado, cortar el pelo en edificios marcados por la metralla, trasladar funciones de teatro al subsuelo y optar por reconstruir en lugar de irse.Entre ataques, la gente barre vidrios rotos, tapa con tablas las ventanas reventadas e intenta seguir adelante. Tras otra andanada de misiles rusos el domingo, la rutina comenz� de nuevo. "Despu�s de cada ataque, camino por la calle principal y se siente como ver c�mo una herida se ensancha", declar� el residente Vladyslav Darmohrai.La arteria principal de Lukianivka, la calle Dehtiarivska, recorre parte de la antigua Via Regia, la ruta comercial medieval que durante siglos llev� a comerciantes a Kiev. M�s tarde, el barrio creci� hasta convertirse en un distrito obrero de f�bricas, mercados y la prisi�n de Lukianivka, cuyos reclusos han incluido a la ex primera ministra Yulia Timoshenko, quien estuvo encarcelada durante dos a�os y medio por cerrar un acuerdo de gas con Rusia en un caso que fue visto en gran medida como una represalia de su rival pol�tico, el entonces presidente Viktor Yanukovych.�pocas sucesivas —desde el periodo industrial sovi�tico hasta la independencia de Ucrania y, ahora, los repetidos bombardeos rusos— han seguido moldeando el barrio, que hoy incluye a inquilinos desplazados por la guerra.El primer McDonald's de Ucrania, que abri� en Lukianivka en 1997, se convirti� en un s�mbolo temprano de ese renacimiento posterior a la independencia. Hoy, los clientes comen all� bajo un letrero de pl�stico deformado de manera permanente por el calor de los ataques rusos. "Ahora es parte de nuestra historia", indica el historiador Kyrylo Stepanets. El papel del barrio como cruce de caminos dio origen al emblem�tico mercado de Lukianivka, que hab�a servido a los residentes desde finales del siglo XIX hasta que fue destruido en un ataque ruso el 24 de mayo. Ahora es un laberinto carbonizado de quioscos, congelado en el instante del ataque. Panes ennegrecidos a�n reposan en los estantes de lo que alguna vez fue una panader�a.Para muchos residentes, el mercado sigue vivo en recuerdos de infancia: padres y abuelos llev�ndolos de la mano por sus pasillos abarrotados para comprar fruta, flores y art�culos de primera necesidad.Alyona Lukianets, de 32 a�os, pas� 11 a�os construyendo all� su negocio de productos frescos. Tras el ataque, regres� y encontr� su puesto reducido a cenizas. Semanas despu�s, volvi� al trabajo. Su nuevo puesto, armado con pal�s de madera y lonas fuera de las ruinas del mercado, se parece poco al que perdi�. Cada ma�ana, aun as�, alinea canastas de bayas y verduras frescas con el mismo cuidado. El olor acre del mercado destruido a su espalda a veces todav�a queda en el aire. "No s� qu� har� falta para que nos vayamos de este lugar", se�ala Lukianets. "Somos inamovibles".Julia Sosnovska hab�a querido un perro desde que se mud� a su apartamento en Lukianivka en 2022. Durante a�os, sus arrendadores se negaron. Pero despu�s de un devastador ataque ruso en mayo, finalmente cedieron, y un perro marr�n llamado Perry entr� en la vida de la joven profesional. Desplazada cuando Rusia tom� el control de la ciudad sure�a de Mari�pol, Sosnovska eligi� Lukianivka por sus bajos alquileres, pese a saber que su apartamento daba a la f�brica de armas Artem.Los alquileres en Lukianivka comienzan en menos de 200 d�lares por un estudio. Las unidades m�s baratas de uno y dos dormitorios pueden conseguirse por alrededor de 270 y 310 d�lares, respectivamente.Fundada a finales del siglo XIX como una planta de maquinaria industrial, la planta Artem evolucion� hasta convertirse en uno de los principales fabricantes de armas de la Uni�n Sovi�tica, antes de pasar a ser una parte importante de la industria de defensa de Ucrania tras la independencia. Ampli� la producci�n despu�s de que fuerzas respaldadas por Rusia comenzaran a apoderarse de territorio en el este de Ucrania en 2014.Tras la invasi�n a gran escala ordenada por el Kremlin, la f�brica se convirti� en uno de los principales objetivos de Mosc� en la capital. Rusia cree que la f�brica a�n produce armas. Ucrania no ha confirmado esa afirmaci�n, y las restricciones en tiempos de guerra impiden que los funcionarios hablen sobre la fabricaci�n militar.Si todav�a se fabrican armas all�, los residentes se preguntan si ser�a m�s seguro trasladar la l�nea de producci�n a otro lugar. Pero pocas personas creen que mudarse a otra parte de Kiev har�a mucha diferencia, porque los misiles rusos han golpeado todos los distritos de la ciudad. En cambio, la gente se ha acostumbrado a limpiar despu�s de los ataques. Algunos propietarios incluso guardan paneles de vidrio de repuesto en dep�sitos, seg�n Zhekov, el agente inmobiliario. Cuando cayeron los ataques rusos m�s recientes, Sosnovska se despert� el domingo con un destello cegador fuera de la ventana de su dormitorio, seguido del estruendo de vidrios rompi�ndose. Su primer instinto fue encontrar a Perry, que hab�a salido disparado de su cama presa del p�nico. Abrazando al perro tembloroso, junto con sus documentos y su computadora port�til, Sosnovska se uni� a los vecinos que se refugiaban en el estacionamiento subterr�neo mientras m�s explosiones retumbaban.Al amanecer, las ventanas de su apartamento hab�an reventado y su auto estaba da�ado. Se consider� afortunada. "El vidrio es lo m�nimo que puedes perder en estos ataques", manifest�. Ella elige quedarse en Lukianivka. "�A d�nde m�s ir�a? Nunca sabes qu� lugar ser� el siguiente", apunt� Sosnovska.Vitalii Zhdaniuk abri� una escuela de barber�a en Lukianivka porque amaba el barrio. El edificio est� picoteado por la metralla, y un trozo de ladrillo lanzado desde un taller de reparaci�n de autos vecino durante un ataque ruso el a�o pasado sigue incrustado en la pared. "No importa cu�ntos misiles vuelen por aqu�, me quedar�". sostiene Zhdaniuk.Escondida detr�s de la estaci�n de metro Lukianivka est� la Mala Opera, un teatro que durante mucho tiempo ha moldeado la vida cultural de Kiev. El riesgo de misiles ha empujado las funciones al subsuelo, dejando vac�o el gran auditorio. Es aqu� donde el director Mykhailo Miskun est� montando su producci�n m�s reciente. "Cuando comenz� la guerra, nos fijamos una tarea: hacer comedias", asegura Miskun. "Queremos levantar el �nimo de la gente que viene a vernos".Su obra m�s reciente gira en torno al sexo, las relaciones y vecinos enfrentados, temas elegidos deliberadamente para ofrecer al p�blico un breve escape de la guerra. La compa��a se ha adaptado a los ataques realizando ensayos en l�nea y reuni�ndose en espacios m�s peque�os. Tras un ataque ruso reciente, la troupe consider� brevemente irse. Decidieron quedarse "pese a todo", asever� Miskun. Afuera, los asistentes hacen fila para bajar al s�tano, donde est� a punto de comenzar la funci�n de la noche."Vivimos. Creamos. Damos a luz", manifest� Miskun. "Como cualquier parte de Ucrania, Lukianivka tambi�n se est� restaurando y sigue viviendo".