Los pa�ses europeos suman m�s de 3.400 sellos de este tipo, que garantizan la calidad y procedencia de sus productos. Esta protecci�n puede traducirse en un valor a�adido tangible.La denominaci�n de origen es quiz� la principal garant�a de la calidad y procedencia de un producto en Europa, pero no la �nica. Otra de las m�s destacadas es la indicaci�n geogr�fica protegida (IGP) que, aunque ligeramente m�s flexible, define a aquellos art�culos que cuentan con alguna cualidad, reputaci�n u otra caracter�stica que puede atribuirse a un origen geogr�fico y cuya producci�n, transformaci�n o elaboraci�n se realiza en la zona geogr�fica delimitada de la que toma su nombre.Estas indicaciones geogr�ficas han pasado de ser meras etiquetas de origen a convertirse en activos de propiedad intelectual que protegen el saber hacer a escala local y act�an como motores de crecimiento en los territorios. As� lo refleja un estudio impulsado por la Comisi�n NAT del Comit� Europeo de las Regiones, que analiza el estado actual de estos sellos de calidad.El informe se�ala que el ecosistema de indicaciones geogr�ficas en la Uni�n Europea presenta una notable vitalidad, aunque marcada por una clara divisi�n geogr�fica. Seg�n los datos del registro oficial europeo eAmbrosia, existen m�s de 3.400 indicaciones geogr�ficas registradas de vinos, bebidas espirituosas y productos agr�colas en el conjunto de los 27 Estados miembros.La hegemon�a del sur de Europa es incuestionable. Italia lidera el r�nking con 889 registros, seguida de Francia con 795. Espa�a consolida su tercera posici�n con 391 sellos de calidad, por delante de Grecia y Portugal, que suman 283 y 244, respectivamente.En el extremo opuesto, pa�ses como Estonia y Luxemburgo apenas cuentan con dos y tres registros, lo que refleja una "dependencia hist�rica" por parte de las regiones que cuentan con fuerte tradici�n agr�cola.Desde el punto de vista econ�mico, la protecci�n que otorgan estos derechos de propiedad intelectual se traduce en una prima de precio sustancial. El informe del Comit� Europeo de las Regiones revela que los vinos con indicaci�n geogr�fica se venden a un precio 2,85 veces superior al de sus hom�logos que no cuentan con registro, mientras que en bebidas espirituosas y productos agr�colas el valor se multiplica por 2,49 y 1,48 respectivamente.Burocracia y costesA pesar de los beneficios, el estudio advierte que el acceso al sistema de protecci�n no est� exento de dificultades. El informe identifica varios cuellos de botella que frenan la emisi�n de nuevos sellos.Uno de los principales obst�culos tiene que ver con la complejidad regulatoria. El marco normativo se encuentra en pleno proceso de simplificaci�n con un reglamento europeo, pero en la pr�ctica sigue resultando farragoso, especialmente para los peque�os productores.En segundo lugar, aparecen los costes operativos y de control. Si bien el registro ante la UE es gratuito, mantener la indicaci�n geogr�fica implica cambios estructurales permanentes, auditor�as estrictas e inspecciones de organismos acreditados que pueden ser inasumibles sin apoyo institucional.A estas cuestiones se suma la fragmentaci�n del sector. En muchas regiones, la ausencia de estructuras colectivas o la debilidad de los grupos de productores dificultan la redacci�n de los pliegos de condiciones. El estudio tambi�n advierte sobre el impacto del cambio clim�tico, dado que la alteraci�n de las condiciones ambientales est� obligando a modificar pliegos ya registrados, ya que las variedades de cultivos y los m�todos tradicionales deben adaptarse a nuevas temperaturas para sobrevivir.Por otra parte, el estudio concluye con una serie de recomendaciones para que las autoridades locales y regionales maximicen el potencial de las indicaciones geogr�ficas. Estos consejos abarcan desde la inversi�n en formaci�n y el fomento del relevo generacional hasta su uso en la contrataci�n p�blica y su integraci�n en estrategias de turismo sostenible.En este sentido, sugiere que las administraciones deben actuar como el "pegamento institucional" que permite a los productores navegar por la complejidad burocr�tica del sistema de la UE. El apoyo t�cnico, financiero y promocional continuo es clave para garantizar que el patrimonio cultural y la excelencia productiva de las regiones europeas contin�en siendo motores de prosperidad en el mercado global.España cuenta con 391 indicaciones geográficas protegidas, tercer país europeo solo por detrás de Italia y Francia. Un estudio impulsado por el Comité Europeo de las Regiones sitúa a España como referente de cómo las autoridades regionales pueden actuar como "pegamento institucional" para superar los cuellos de botella que dificultan el registro de nuevos sellos de este tipo. Uno de los ejemplos citados está en Galicia, donde la gestión se caracteriza por una estrategia de marca regional integrada y un apoyo alineado con la Política Agraria Común (PAC). Con más de 35 denominaciones de calidad, que incluyen quesos con denominación de origen como el Queixo Tetilla y vinos Rías Baixas, la producción certificada gallega supera los 600 millones de euros anuales. En particular, el informe señala que la Agencia Gallega de Calidad Alimentaria ha sido clave para profesionalizar la gobernanza y facilitar la participación de más de 24.000 productores en estos esquemas europeos. Por otro lado, cita el caso de la denominación de origen protegida Sierra Mágina en Andalucía como una apuesta por la contratación pública estratégica. Para combatir la competencia de aceites no certificados, la administración regional optó por integrar requisitos de calidad en sus licitaciones. Por ejemplo, en 2025 lanzó una licitación de 30.000 botellas de aceite de oliva virgen extra con sello de una denominación de origen andaluza para su programa de desayunos escolares, con el fin de garantizar una demanda estable y reforzar la conciencia de calidad entre las nuevas generaciones.