Mañana, alguien volverá a apagar el despertador sin haber dormido bien. Sonreirá cuando sea necesario, responderá que está bien y seguirá guardando silencio. 20 de julio, 2026 - 09h00Hay silencios que pasan desapercibidos. Deja de responder los mensajes. Ya no sale con sus amigos. Sonríe cuando hace falta, y lleva semanas sintiendo que levantarse de la cama le exige mucho esfuerzo, más de lo que puede explicar.Generalmente, nadie pregunta demasiado. En casa creen que es cansancio; en el trabajo, estrés. Mientras todos buscan una explicación, él solo intenta llegar al final del día.Él mismo prefiere callar porque ponerle nombre a lo que siente resulta más difícil que seguir fingiendo que todo está bien. Ese silencio rara vez hace ruido. Sin embargo, suele ser el primer síntoma de un sufrimiento que el sistema de salud debería aprender a escuchar a tiempo.PublicidadLa salud mental ocupa los titulares cuando aparecen tragedias. Entonces lamentamos la pérdida, buscamos explicaciones y hablamos de suicidio. Sin embargo, el suicidio no comienza el día en que una persona decide terminar con su vida. Comienza mucho antes, cuando las dificultades económicas, la pérdida de empleo, la violencia de género, el aislamiento social, las adicciones o una ruptura afectiva se convierten en un sufrimiento cotidiano que permanece invisible para quienes rodean a esa persona y, muchas veces, también para el propio sistema sanitario.Pero la verdadera pregunta es otra: ¿qué ocurre cuando el sistema de salud no logra escuchar ese silencio a tiempo?Ese sufrimiento silencioso tiene un reflejo en las cifras nacionales. En Ecuador, entre 2019 y 2023 se registraron 5.468 muertes por suicidio, con una tasa promedio de 6,71 por cada 100.000 habitantes. Cerca del 78 % de los casos correspondió a hombres y más del 70 % ocurrió entre adultos en edad productiva de 20 y 64 años, mientras que uno de cada cinco casos afectó a adolescentes.PublicidadPublicidadEstas cifras no representan únicamente un indicador epidemiológico; evidencian la persistencia del suicidio como un problema relevante de salud pública y la necesidad de fortalecer las estrategias de prevención desde una perspectiva integral.Pero ninguna de esas cifras comenzó siendo una estadística. Detrás de cada uno de esos casos hubo alguien que, días o semanas antes, probablemente siguió respondiendo “Estoy bien” cuando no lo estaba.El suicidio no siempre puede evitarse. Pero un sistema de salud nunca debería resignarse a las estadísticas. Su mayor fortaleza radica en actuar cuando todavía existe la oportunidad de intervenir.La evidencia muestra que identificar tempranamente la depresión y los trastornos de ansiedad, fortalecer la atención en salud mental desde el primer nivel, facilitar el acceso oportuno a profesionales especializados y garantizar el seguimiento de las personas en mayor riesgo son intervenciones capaces de salvar vidas.Sin embargo, esa respuesta continúa siendo insuficiente cuando la atención en salud mental depende, en gran medida, de los servicios especializados y hospitalarios, donde pedir ayuda implica esperar semanas o meses para una consulta.En salud mental, el silencio no debería ganar tiempo. Aun así, en esas condiciones, el silencio sigue ganando tiempo. Prevenir el suicidio no significa esperar a que aparezca una emergencia psiquiátrica. Significa construir un sistema capaz de escuchar a tiempo, allí donde las personas tienen su primer contacto: en el centro de salud, la escuela, el trabajo, la comunidad y la familia.PublicidadMañana, alguien volverá a apagar el despertador sin haber dormido bien. Sonreirá cuando sea necesario, responderá que está bien y seguirá guardando silencio. El sufrimiento no siempre pide ayuda de la misma manera. Algunas personas lloran. Otras trabajan más. Muchas simplemente sonríen y guardan silencio. La diferencia entre una historia que encuentra ayuda y otra que termina demasiado pronto radica, muchas veces, en que alguien sea capaz de escuchar lo que nunca llegó a decir. Cuando el sistema de salud no lo escucha a tiempo, también guarda un trágico silencio. (O)Ronald Jonathan Cañarte Siguencia, médico y magíster en Salud Pública, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?