El 40,7% de las técnicos en cuidados auxiliares de enfermería —un sector en el que nueve de cada 10 trabajadoras son mujeres— abandonarían la profesión si sus circunstancias personales se lo permitiesen. Así lo recoge el estudio presentado este lunes por el Ministerio de Sanidad, la primera radiografía que busca retratar la situación de estas profesionales en España. Son unas 168.000 personas, de las que alrededor de 136.000 trabajan en el ámbito sanitario del sistema nacional de salud. El resto se encuentra en el ámbito privado o sociosanitario. El informe Situación del Personal Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería en España 2025 se basa en una encuesta a 30.000 personas sobre sus condiciones de trabajo y su bienestar y el análisis documental de fuentes oficiales y reportes de las comunidades autónomas. Un 42% está insatisfecha con su puesto de trabajo. Los principales motivos son la sobrecarga física, el salario, el déficit de plantilla y que no se sienten valoradas por la sociedad. Solo el 9,57% cree que la población reconoce adecuadamente su función siempre o casi siempre. El colectivo aboga por dejar atrás la denominación de “auxiliares” e instalar el término TCAE.Su trabajo ha trascendido hace tiempo los cuidados básicos. Francesca Arroyo Díaz trabaja en el área quirúrgica del Hospital Universitario Josep Trueta de Girona, donde asiste, entre otras cosas, equipando el quirófano, montando las mesas quirúrgicas e incluso sustituyendo a la enfermera si tiene que salir. “Somos dos ojos y dos manos más dentro del quirófano”, explica sobre cómo ha mutado su rol. La gerundense de 48 años resume: “Estamos trabajando con unas ratios de hace 15 años, pero todo ha cambiado, cada vez la TCAE tiene más responsabilidades y sigue habiendo el mismo personal”.La catalana cuenta que los pacientes cada vez son mayores, pasan más días ingresados y dependen mucho más de ellas. Explica que antes hacían “la higiene, la cama y poco más”, y ahora les han delegado muchas otras cosas. “La TCAE ha dejado de ser la cuidadora a ser la persona que está totalmente capacitada para atender a un paciente, aunque sea en una situación crítica”, argumenta. “Estamos superbién preparadas; se nos debería subir la categoría profesional”. Arroyo Díaz destaca que los pacientes siempre son agradecidos, pero que cuesta más el reconocimiento de sus compañeras: “Enfermería es muy clasista y aunque llevamos años juntas, siempre el comentario es: ‘Tú no eres la enfermera”. Muchas veces son la primera cara que ven los pacientes, y son las manos que se encargan de su higiene y aseo, de sus comidas, de trasladarlos y medir sus signos vitales. Una labor de enorme desgaste físico. El diagnóstico hecho por Sanidad determina que trabajan entre 35 y 37,5 horas semanales y que su salario bruto es homogéneo, pero hay diferencias territoriales en los complementos, donde pueden ganar hasta unos 500 euros de diferencia. Atienden a 10 pacientes por turno en promedio y en atención primaria ese número asciende a 15,5. A la vez, solo un 44,9% de las encuestadas declara sentirse parte del equipo de enfermería y un 37,4% afirma que no participa nunca en la toma de decisiones del grupo.El estudio de Sanidad es la primera aproximación a gran escala de esta demografía. Todos los indicadores han dado peores resultados en el ámbito sociosanitario ―el de cuidados dirigidos a personas con enfermedades crónicas, dependencia o discapacidad― que en el sanitario. La encuesta replicaba las preguntas que hizo en 2025 la OMS sobre salud mental de enfermeras y médicos en Europa, MeND, y los resultados han sido peores en sintomatología de depresión y ansiedad que los que mostraba esa medición. El 37% de las encuestadas presenta síntomas compatibles con un trastorno depresivo mayor y un 24,4% síntomas compatibles con ansiedad. Un 90,7% reporta tener cansancio crónico, un 74,9% sufre problemas de sueño y el 82% manifiesta preocupación excesiva. El ámbito sociosanitario concentra los peores indicadores, donde casi la mitad presentó sintomatología compatible con malestar psicológico. La alta carga es el principal factor de desmotivación y abandono. “No tenemos tiempo suficiente para tratarlos como necesitan, y esto puede repercutir negativamente en la salud del paciente, no solo en una estancia menos agradable”, expresa Helena Plaza Martín, de 38 años. Trabaja en el Hospital de Cabueñes en Gijón y va rotando entre los distintos servicios del centro, según las necesidades que haya. Explica que la carga de tareas por no tener personal suficiente puede terminar “produciendo patologías en los pacientes que no tenían cuando han ingresado”, como por ejemplo, cuando no llegan a hidratar correctamente su piel o a hacer los masajes necesarios para evitar úlceras o daños derivados del propio ingreso. Con respecto a la salud de las propias trabajadoras, Plaza asegura que viven un “estrés laboral absoluto” porque están “en la primera línea del frente”. Es un trabajo que requiere mucho esfuerzo físico y a veces no ayuda tener tecnología. “Si para poner una grúa y movilizar [un paciente] necesito cuatro minutos y movilizándolo con mi espalda tardo dos, la tendencia va a ser a movilizarlo con la espalda”, lamenta Plaza Martín, y añade: “Tienes que elegir: si te proteges, quizá no puedes llegar a hacer todo lo que se te está pidiendo”.El Ministerio ha calculado que las plantillas han crecido más del 23,96% entre 2012 y 2023. Al mismo tiempo, la población ha crecido en torno a un 6%, el índice de envejecimiento ha sido de un 31,4% y el de dependencia de las personas de 65 años o más, un 15%. Paloma Calleja, responsable del Comité de Cuidados, y asesora del secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, ha apuntado en la presentación del informe en Madrid que se ha “triplicado la carga de cuidados, con pacientes más crónicos y más dependientes, que conllevan una carga mucho más intensa”, y que esto dispara la cifra de profesionales necesarios. Un 27% de las encuestadas ha declarado que optaría por la jubilación anticipada si tuviese la posibilidad. Existen dificultades para el relevo generacional de este colectivo con promedio de edad elevado. Para la asesora, además de formar más profesionales, será decisivo conseguir retener a estas trabajadoras en el sistema. Sanidad no ha ofrecido un número de cuántas personas más harían falta para cubrir la demanda, pero ha citado un informe de la Federación de Sanidad y Sectores Sociosanitarios de Comisiones Obreras (FSS-CC OO) de 2023, en el que analizaban la ratio entre enfermera y auxiliar de enfermería y estimaban que faltaban unos 46.000 profesionales. Calleja ha subrayado que no son capaces de concretar una cifra todavía, pero sí están seguros de que hace falta incrementarla. Diana Tovar Benito tiene 63 años y lleva cuatro décadas en la profesión. Nació en Colombia, pero vive en Madrid desde los 8 años y ahora trabaja en el servicio de anestesia y reanimación del Hospital Universitario de Móstoles. Lo que más le cansa hoy son los trámites dentro del centro para pedir una cama o para transferir a alguien a planta cuando se acumulan pacientes en su servicio. Además, menciona que la rotación de personal es muy frecuente, y le desgasta la formación continua a colegas que se van a los pocos días. La profesional aclara que el equipo de enfermería siempre incluye a la enfermera y a la técnico, y que engrasar esa relación y hacerse valer es lo que al final permite dar el mejor cuidado al paciente. “Es desagradecido el sistema, pero los pacientes y los familiares en su mayoría no suelen serlo”, aclara. Ella está recogiendo los frutos de su trabajo y, por ejemplo, se alegra mucho cuando vuelve a ver a alguien que ha tenido internado allí a su padre y se acuerda de ella con cariño. El estudio llega un año después de un informe similar sobre la situación de las enfermeras, presentado por Sanidad en enero de 2025. Ese análisis destacaba que hacían falta 100.000 de estas profesionales para equiparar el ratio con el de la Unión Europea, que es de 8,5 por cada 1.000 habitantes, frente a los 6,5 de media en España. El estudio contabilizaba unas 346.000 enfermeras y mostraba que hay seis veces más mujeres que hombres en la profesión, pero que las labores de gestión están ocupadas mayoritariamente por varones. Más de la mitad de las encuestadas (55,2%) consideraba que no había suficiente personal en su lugar de trabajo para garantizar la calidad de los cuidados y el 67,7% reportaba haber presenciado incidentes relacionados con la atención sanitaria al menos una vez a la semana. Ambos informes pretenden retratar cómo se encuentra el sector, como base para planificar nuevas políticas. Padilla no ha precisado este lunes cuándo saldrá adelante el real decreto para actualizar la formación del Título de Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería, que ya ha pasado la consulta pública previa y cuenta con un borrador. Los departamentos coproponentes de Educación y Sanidad plantean cambiar el modelo formativo para pasar de 1.400 a 2.000 horas y actualizar los contenidos sobre cuidados complejos, cronicidad, dependencia y digitalización. Además, buscan eliminar con este texto el término auxiliar de la denominación, una reivindicación del colectivo.
El 40% de las auxiliares de enfermería abandonaría la profesión si tuviese alternativa
Dos de cada cinco trabajadoras están insatisfechas con su puesto. Según la primera radiografía del sector, elaborada por el ministerio, son los sanitarios más descontentos








