La industria automotriz argentina sabe que el plan de gestión del gobierno de Javier Milei redujo las posibilidades de un crecimiento sostenido de la producción nacional, pero le permitió compensar caídas en las fábricas con ventas en concesionarios. Es por eso que el lobby de las multinacionales se ajustó para lograr una mejora en las tasas de interés y universalizar el financiamiento de los cero kilómetros, mientras testea el mercado de las nuevas tecnologías aplicadas a los autos eléctricos para dar respuesta a un sector social con mayor capacidad de inversión.
Hoy, las multinacionales observan el mapa político para saber si se mantendrá la estabilidad macroeconómica para diseñar negocios por otros cuatro años, ya sea por incrementos en la compra de unidades producidas en otra parte del mundo con precios competitivos de mercado, como por diseño de la producción en territorio argentino. Mientras esperan señales sobre la ampliación de cupos de importación por parte del Gobierno, también calculan las pérdidas operativas de sostener las terminales o cerrar definitivamente algunos puntos industriales históricos del sector.
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