Para la cosmovisión indígena wichí, las mujeres y la comunidad no viven del monte: son el monte. “El chaguar me da la vida”, remarca a Infobae la cacica wichí Jorgelina Jara, líder de la comunidad.Las mujeres wichí de Tartagal dependen del chaguar para producir artesanías. Confeccionan tejidos y objetos de uso doméstico, que sostienen la economía familiar. La degradación del bosque chaqueño amenaza de manera directa la disponibilidad de esta fibra nativa y pone en riesgo no solo una fuente de ingresos, sino también conocimientos ancestrales y prácticas culturales transmitidas entre generaciones.PUBLICIDADUna fibra que escasea: el chaguar —Bromelia hieronymi y especies relacionadas— funciona como indicador biológico de la salud del bosque del Gran Chaco Americano.Para la comunidad, también representa una medida concreta de equilibrio y de futuro: si el chaguar desaparece, no se pierde únicamente una planta. Se compromete una economía, una cultura y un sistema de conocimiento ancestral que la comunidad wichí transmite entre generaciones, con el corazón y el profundo sentido de un legado.PUBLICIDADCultura wichí: el saber ancestral sobre el tejido con las fibras de la planta del chaguar -prendas y objetos- es único e irrepetible
“Las tejedoras del monte”, el clamor de las mujeres wichí de Tartagal: qué hacer cuando la economía está basada en una especie amenazada
La planta de chaguar crece en zonas del monte salteño (yungas) y, para la comunidad wichí, es el epicentro de su economía. Actualmente, escasea y pone en riesgo la subsistencia de estas mujeres indígenas. Ellas producen sus artesanías con el hilado y teñido de cada una de las fibras, generando un legado intergeneracional. ¿Cómo actuar cuando desaparece la materia prima de la que viven las mujeres que sostienen a toda una comunidad?










