En la inmensidad del Valle de Colanzulí, en la puna salteña, la identidad ancestral de la comunidad kolla sostiene el territorio y define un modo de producir. Allí, un grupo de mujeres fuertes organiza el trabajo cotidiano y busca respuestas frente a una crisis climática que ya forma parte del paisaje: la pérdida de previsibilidad del agua.En la llamada ruta de los papines, a más de 4.000 metros de altura y entre montañas de colores suaves, la variabilidad climática —calor y frío, inundaciones y sequía, vientos— impacta sobre los sistemas productivos de una comunidad que depende, principalmente, del cultivo de papines y del ganado.PUBLICIDADCon conocimiento del territorio y prácticas heredadas, las mujeres kollas desarrollan estrategias para sostener la resiliencia económica y ambiental ante los extremos que impone el clima del siglo XXI. Entre sus objetivos figura uno concreto: avanzar en un sello de origen para los papines andinos, una herramienta que podría mejorar la cadena de valor de su trabajo en la tierra.Olga e Inocenta, mujeres de la comunidad kolla de Colanzulí que enfrentan la crisis hídrica y el clima extremo en la Puna salteña a más de 4.000 metros de altura (Matias Arbotto)Esta crónica, junto al contenido audiovisual, forma parte de una serie de cuatro episodios que narran cómo mujeres de comunidades indígenas diseñan su futuro bajo modelos de resiliencia productiva. Infobae y la periodista Daniela Blanco fueron distinguidos con una beca internacional del Pulitzer Center, el centro de referencia en apoyo al periodismo de investigación. PUBLICIDADEstos relatos en el Gran Chaco Americano integran el proyecto que fue presentado al Pulitzer Center junto a Gabriela Oliván, líder y fundadora de Women’s International News Network (WINN), la red global que impulsa el liderazgo de mujeres periodistas y promueve un periodismo libre, innovador y sin sesgos.¿Cómo se adapta una comunidad cuando el agua deja de ser predecible y la variabilidad climática la vuelve disponible de a ratos?La comunidad andina combina saberes ancestrales para sostener la producción clave de tubérculos orgánicos mientras crecen la sequía, las heladas tempranas y la presión sobre el territorioInfobae conversó horas con Inocenta y Olga, dos líderes de la comunidad kolla del valle de Colanzulí. En primera persona, relatan cómo diseñan el futuro de sus familias frente a desafíos ambientales que golpean la matriz productiva local: el cultivo de tubérculos orgánicos de calidad, motor de la ruta de los papines, y base de una oportunidad diferencial que aún está en disputa: que el valor de los papines andinos —orgánicos y premium— llegue también a quienes los producen.PUBLICIDADEn el valle en altura de Colanzulí, el cultivo incluye una diversidad de tubérculos.La comunidad produce al menos seis variedades de oca —blanca, amarilla, rosada, morada, overa y colorada— y también la llamada papa lisa, considerada uno de los productos más raros de los Andes.PUBLICIDADLa variabilidad climática con sequía, inundaciones, heladas tempranas y lluvias irregulares afecta la producción de tubérculos varios: papines andinos y ocasEsa diversidad se sostiene con técnicas ancestrales de siembra y un trabajo que empieza temprano y demanda muchas horas en la zona de cultivos. Pero el sistema requiere condiciones climáticas específicas que, en los últimos años, se modificaron. Por eso, el esquema productivo de la comunidad quedó cada vez más condicionado por el clima extremo.¿Cómo se enfrentan las mujeres kollas y su comunidad a la crisis hídrica y al impacto sobre sus cultivos y su ganado?Inocenta es una mujer kolla líder de la comunidad y cultivadora experta de papines en Colanzulí Inocenta camina más de seis horas diarias para atender su trabajo cotidiano. Ordena su día a partir de una obligación básica: llegar hasta donde está el ganado y asegurar el agua.PUBLICIDADInocenta ordena su día a partir de una obligación básica: llegar hasta donde está el ganado y asegurar el agua. “Parte de mi trabajo diario es venir a dar agua a mis vacas”. Para eso camina desde Pueblo Viejo: “son tres horas y media caminando”. El clima impone el paso: “A veces está muy caluroso y eso te baja el ritmo, entonces caminas menos. Cuando está fresco podés avanzar más rápido”.Cuando describe lo que siembran, enumera con precisión: “Sembramos papa, papines, papa andina, oca, habas, arvejas y después toda clase de verduras: cebolla, acelga, zapallo, angola y poroto. Somos buenas con las legumbres”, ríe alegre.PUBLICIDADEn su relato, el cambio ambiental se mide por señales concretas: “Las heladas son más tempranas y más largas”, los calores y las lluvias se volvieron irregulares, y “hay partes donde llueve muy poco y a veces pasan meses sin lluvia. Se volvió todo raro con el clima”.La beca Pulitzer 2026 fue otorgada a Infobae y Daniela Blanco por una serie de trabajos ya publicados que abordan cómo el impacto ambiental transforma la vida y el trabajo de mujeres resilientes que habitan en comunidades indígenasEn ese escenario, la crisis hídrica se traduce en decisiones más inmediatas al ser un recurso tan esencial como respirar: “En la siembra, por falta de agua, sembramos menos. Si sembrás mucho, nuestras chacras sufren después la seca. Entonces hay que sembrar según la cantidad de agua disponible”.PUBLICIDADLa respuesta, para Inocenta, pasa por obras y nuevas prácticas para capturar el agua: “En el futuro tendríamos que enfocarnos más en el riego, implementar un riego que abastezca mejor a nuevos cultivos, por ejemplo, riego por goteo”, y repasa lo que ya hicieron: “Hemos hecho sistema de canales entre las montañas. Antes era todo acequia a cielo abierto, pero después hicimos canalización, entubamos el agua”.El límite, advierte la mujer kolla, sigue ahí: “Creció la población de sembradores, entonces el agua es cada vez más escasa”.Inocenta cuenta las horas que camina en la puna salteña por el agua del ganado: “Son tres horas y media caminando”
Las guardianas del agua: cómo las mujeres de la comunidad Kolla de Colanzulí se enfrentan a la crisis hídrica y al clima extremo
A 4.000 metros de altura en la Puna salteña, la variabilidad del clima de ese territorio —frío, calor, inundaciones y sequía— impacta en los sistemas productivos de una comunidad que vive de los papines como cultivo fundamental. Infobae relevó en su tierra cómo ellas se adaptan en ecosistemas andinos vulnerables al calentamiento global









