Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.El cambio puede parecer pequeño para quien vive en la ciudad, pero en la puna significa meses adicionales de bajas temperaturas y un mayor riesgo para las alpacas recién nacidas. Las enfermedades respiratorias y digestivas son cada vez más frecuentes. (Foto: Richard Hirano) A las cinco de la tarde, cuando el sol empieza a esconderse detrás de los apus y el frío vuelve a tomar posesión de la puna, cientos de alpacas emprenden el camino de regreso a sus corrales, esquivando los charcos helados que cubren el paisaje. Varias mujeres suelen observarlas con atención. Ellas se aseguran de que ninguna quede rezagada. Además, antes de que anochezca, revisan delicadamente que ninguno de estos camélidos presente signos de neumonía o diarreas, cada vez más frecuentes debido a las crudas heladas que ha traído consigo el cambio climático. Luego toca guardar energías y prepararse para el trabajo del día siguiente: limpiar los canales que alimentan el bofedal, fertilizar cada camino como si de preservar el futuro se tratase. Seguir temasConforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.