Análisis Exclusivo suscriptores Pisba, Chingaza, Rabanal y las zonas altas de Farallones de Cali también enfrentan actividades extractivas que amenazan el agua y la biodiversidad.Capturas, cierres de minas, investigaciones judiciales y alertas ambientales revelan que la explotación ilegal en ecosistemas de alta montaña no es un problema aislado y se extiende a varias regiones. Foto: David Rocha CPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD14.07.2026 17:52 Actualizado: 14.07.2026 17:52
Las recientes fotografías que dejaron al descubierto el avance de la minería ilegal en el páramo de Santurbán volvieron a poner sobre la mesa una amenaza que va mucho más allá de ese ecosistema. Aunque este complejo montañoso de Santander concentra hoy una de las mayores preocupaciones de las autoridades por la explotación ilícita de oro, no es el único territorio de alta montaña donde la minería ilegal sigue avanzando. LEA TAMBIÉN Desde Boyacá hasta el Valle del Cauca y Cundinamarca, diferentes investigaciones, operativos y procesos judiciales evidencian que otros páramos o zonas directamente asociadas a ellos también enfrentan actividades extractivas que ponen en riesgo fuentes de agua, especies nativas y suelos considerados estratégicos para el país.Los casos documentados durante los últimos años muestran un patrón común: explotación sin títulos mineros ni licencias ambientales, apertura de bocaminas clandestinas, uso de sustancias contaminantes, afectaciones sobre la cobertura vegetal y una creciente intervención de áreas protegidas o de especial importancia ambiental.La CAR impuso una medida preventiva tras evidenciar minería ilegal en una montaña de Guatavita. Foto:CARSanturbán, el mayor foco de preocupaciónEl páramo de Santurbán concentra actualmente la mayor presión institucional relacionada con minería ilegal. La Procuraduría General de la Nación y la Defensoría del Pueblo alertaron recientemente que los retrasos acumulados durante más de ocho años en el proceso de delimitación del ecosistema habrían favorecido un incremento de estas actividades.Los organismos de control remitieron un informe a la Fiscalía General de la Nación para que investigue las posibles responsabilidades derivadas de esta situación. Según el documento, la ausencia de una delimitación definitiva y la creación de una Zona de Reserva Temporal sobre 75.000 hectáreas por fuera del páramo han dificultado el control institucional frente a la minería ilegal presente en el territorio.Páramo de Santurbán. Foto:Cortesía ProcuraduríaEl informe sostiene que esa falta de definición ha generado consecuencias ambientales, sociales, económicas y jurídicas para los municipios ubicados en el área de influencia del ecosistema y ha impedido ejercer un control efectivo sobre actividades que representan graves afectaciones para el páramo. LEA TAMBIÉN La preocupación también se sustenta en investigaciones periodísticas y de organismos de control que han documentado la existencia de bocaminas ilegales operando por encima de los 3.000 metros de altura en el municipio de California. Allí se han identificado más de 200 entradas mineras ilegales en una sola montaña de aproximadamente 300 hectáreas, acompañadas de contaminación por mercurio y cianuro.La gravedad del panorama llevó a que la Dirección Especializada para los Delitos contra los Recursos Naturales y el Medio Ambiente de la Fiscalía incorporara un capítulo exclusivo sobre Santurbán dentro de sus mesas técnicas para atender la emergencia. Además, recientemente fueron judicializadas redes dedicadas a la extracción ilegal de oro en zonas protegidas periféricas del ecosistema.Pisba: el carbón continúa amenazando el páramoLa problemática también se extiende al páramo de Pisba, ecosistema que abastece de agua a amplias zonas de Boyacá y Casanare. En un operativo adelantado hace algunos meses en la vereda El Mortiño, zona rural del municipio de Socha, Corpoboyacá, con apoyo de la Policía Nacional y el Ejército, encontró una bocamina que aparentemente operaba sin título minero ni licencia ambiental. Durante la inspección también se evidenció que habían sido violados sellos de suspensión impuestos previamente por las autoridades.Como resultado del procedimiento varias personas fueron capturadas en flagrancia y se incautó maquinaria utilizada para las actividades extractivas ilegales. La situación ocurre pese a que la minería en páramos fue prohibida desde febrero de 2016. Sin embargo, la extracción ilegal de carbón continúa desarrollándose dentro del ecosistema, poniendo en riesgo tanto la biodiversidad como las fuentes de agua que abastecen a miles de habitantes.Las denuncias comunitarias también advierten sobre la existencia de hasta 150 puntos de explotación ilegal que amenazarían los principales ríos que nacen en esta zona montañosa.Farallones de Cali: oro ilegal en un área protegidaOtro de los escenarios identificados corresponde al Parque Nacional Natural Farallones de Cali, cuyas zonas altas albergan ecosistemas de páramo. La Fiscalía General de la Nación informó recientemente sobre la captura y judicialización de uno de los presuntos articuladores de la explotación ilícita de oro en este parque nacional.Según la investigación, el procesado sería responsable de la explotación de dos socavones ubicados en el sector Minas del Socorro, donde la actividad se desarrollaba sin títulos ni permisos ambientales. La Fiscalía sostiene que el investigado habría promovido el uso de explosivos y materiales altamente tóxicos como el mercurio, ocasionando graves daños sobre el agua, el suelo, la flora y la fauna del área protegida.Capturados por explotación minera ilegal de carbón en Farallones de Cali. Foto:Policía Metropolitana de Cali LEA TAMBIÉN De acuerdo con las autoridades, el oro obtenido era comercializado clandestinamente en Cali, así como en municipios del Cauca. Por estos hechos fue imputado por delitos relacionados con explotación ilícita de yacimientos mineros, daño a los recursos naturales, ecocidio, contaminación ambiental e invasión de áreas de especial importancia ecológica. El procesado aceptó los cargos y deberá cumplir medida de aseguramiento en establecimiento carcelario.Chingaza: una explotación a cielo abierto en zona de influencia del páramoLa alerta más reciente fue emitida por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), que detectó una explotación minera ilegal a cielo abierto en una montaña de la vereda Tominé de Blancos, en Guatavita, dentro de una zona ambiental asociada al páramo de Chingaza.Durante la inspección, los técnicos evidenciaron la extracción sin permisos de aproximadamente 350 metros cúbicos de recebo y arena, además de la remoción de suelo y cobertura vegetal en un área cercana a los 175 metros cuadrados. Entre las especies afectadas fueron identificadas Puya, Espeletia grandiflora, Hypericum, Ericaceae y pino pátula, propias de ecosistemas de alta montaña.La CAR también documentó pendientes superiores a 45 grados sin manejo técnico, ausencia de terrazas y taludes estables, así como procesos de erosión, desprendimiento de rocas y riesgo de deslizamientos. La autoridad ambiental advirtió además que la falta de infraestructura para controlar las aguas lluvias aumenta el riesgo de que sedimentos lleguen a las fuentes hídricas cercanas.Operativo contra la minería ilegal en Farallones de Cali. Foto:Policía Metropolitana de CaliComo consecuencia de estos hallazgos fue impuesta una medida preventiva mientras avanzan las actuaciones administrativas correspondientes. También en Cundinamarca: minería ilegal de carbón en zonas de páramo Los operativos más recientes de la CAR también dejaron al descubierto un panorama preocupante en la provincia de Ubaté.La autoridad ambiental impuso más de 17 medidas preventivas y abrió procesos sancionatorios en los municipios de Cucunubá, Lenguazaque y Sutatausa tras encontrar minas de carbón operando sin título minero, sin licencia ambiental y, en varios casos, desacatando órdenes previas de suspensión. LEA TAMBIÉN Durante las inspecciones fueron halladas bocaminas completamente operativas con compresores industriales, subestaciones eléctricas, patios de acopio, talleres y zonas de almacenamiento de carbón. En algunos puntos incluso existían hasta 900 toneladas mensuales de producción.Los equipos técnicos evidenciaron vertimientos de aguas residuales mineras sobre quebradas, disposición inadecuada de estériles, contaminación del suelo por hidrocarburos, intervención de rondas hídricas y alteraciones geomorfológicas que incrementan el riesgo de deslizamientos.Uno de los casos más delicados fue identificado en la vereda Gachaneca, en Lenguazaque, donde la explotación ilegal se desarrollaba dentro del área protegida del páramo de Rabanal y Río Bogotá, considerado un ecosistema estratégico protegido por la legislación colombiana.En Sutatausa, además, la CAR inspeccionó una explotación ilegal tras una emergencia minera que cobró la vida de un trabajador. Allí encontró cerca de 30 toneladas de carbón listas para ser transportadas y graves riesgos derivados de la infiltración de aguas contaminadas.Un patrón que se repiteAunque cada caso presenta características particulares, los expedientes recopilados por autoridades ambientales, organismos de control y la Fiscalía muestran elementos comunes. Las actividades ilegales suelen desarrollarse sin títulos mineros ni permisos ambientales, muchas veces incumpliendo órdenes de suspensión previamente impuestas por las autoridades.A ello se suman el uso de sustancias contaminantes, la alteración de la cobertura vegetal, la remoción del suelo, la afectación de cuerpos de agua y la intervención directa de ecosistemas estratégicos que cumplen un papel fundamental en la regulación hídrica del país.Los operativos adelantados en Santander, Boyacá, Valle del Cauca y Cundinamarca evidencian que la minería ilegal en zonas de páramo no constituye un fenómeno aislado. Santurbán concentra hoy buena parte de la atención pública, pero los hallazgos recientes muestran que la presión sobre estos ecosistemas estratégicos se extiende a diferentes regiones del país, obligando a las autoridades ambientales y judiciales a reforzar las acciones de control y protección sobre algunos de los territorios más sensibles para el abastecimiento de agua y la conservación de la biodiversidad en Colombia.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.










