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ConcienciaLos mejores no llegan por suerte. Detrás de cada triunfo hay preparación, reglas y trabajo en equipo.
Termina otra Copa Mundial de Fútbol y todo vuelve a la rutina. Fueron semanas de emoción y celebración. Miles de millones de personas siguieron el torneo alrededor del mundo, una muestra de la pasión que despierta este deporte. Más allá de los resultados, el Mundial deja algunas lecciones. Ningún equipo llega a competir a ese nivel por casualidad. Detrás de cada selección hay años de preparación, entrenamiento y decisiones difíciles. Los jugadores son escogidos por su capacidad y rendimiento. No basta con la amistad, la antigüedad o el parentesco
. Juegan quienes están mejor preparados para cumplir la función que les corresponde. Pero las estrellas no bastan. Una selección puede contar con grandes figuras y aun así quedar eliminada. El talento individual es importante, pero no sustituye el trabajo en equipo. Cada jugador cumple una función y el éxito depende de que todos trabajen coordinadamente. En el Estado ocurre igual. Los grandes desafíos del país requieren coordinación, intercambio de información y objetivos comunes. Cuando cada institución juega su propio partido, los ciudadanos terminan perdiendo. También existe una cancha claramente delimitada y reglas conocidas por todos. Los jugadores saben qué pueden hacer y cuáles acciones serán sancionadas. Hay un árbitro encargado de aplicar las reglas y, cuando surge una duda, la tecnología permite revisar la jugada. El videoarbitraje, conocido como VAR (siglas en inglés), aporta información para tomar mejores decisiones. La confianza en el juego depende, en buena medida, de que las reglas sean claras y se apliquen por igual.














