El vecindario del Polígono Sur, el barrio según el INE más desfavorecido del país, lo tiene muy claro. "A nuestro entender, el problema de la Residencia [Universitaria Flora Tristán] no es un problema exclusivo de la Universidad Pablo de Olavide, es un problema de pobreza y exclusión que se da en una de la zonas más pobres de España". Así lo señala Maricarmen Picón Vega, de la plataforma ciudadana Nosotros también somos Sevilla, en una misiva enviada a la comisión que ha creado la UPO para tratar de resolver la crisis creada tras el anuncio repentino, en pleno periodo de exámenes, de cesión de la residencia a una fundación privada, paralizado después de que el Consejo Social de la Universidad, pública, instase a negociar una salida. La asamblea de la Flora mantiene un encierro indefinido a la espera de una salida a la crisis que no implique su cierre. "Lo mantendremos hasta que se publiquen las bases de admisión o hasta que haya un compromiso por escrito de que la Flora abre", afirman a Público desde la asamblea.Publicidad"Desde hace muchos años —plantea en esa misma línea el geógrafo y profesor de la Olavide José Torres-Gutiérrez, autor de la monografía Polígono Sur en Sevilla: historia de una marginación urbana y social— Polígono Sur no recibe una atención suficiente, ya no digo para revertir su situación de profunda segregación humana y social, sino al menos para mitigar la importante vulnerabilidad social que sufre buena parte de su población. Es un retroceso en ese enfoque público y social que debe prevalecer para tratar de integrar estas áreas urbanas en el conjunto de la ciudad".La Flora Tristán no es una residencia cualquiera, sino que es un auténtico emblema: está enclavada en pleno Polígono Sur y cumple una función social relevante, al ser un eje de proyectos de intervención en uno de los barrios más desfavorecidos del Estado, un caso extremo de segregación social. "El proyecto de la Flora Tristán, su iniciativa residencial y también social fundamentalmente, es muy significativo, por lo que plantea en relación a la convivencia de los estudiantes con la población del barrio, algo que hasta su nacimiento había sido inédito, no había sucedido más allá del encuentro que se produce en algunos centros educativos y deportivos y en pocos lugares más". "Este es un proyecto esencial —describe Mar González, excomisionada para el Polígono Sur (2013-2019)— para la transformación, un proyecto que se alineaba con las líneas estratégicas del Plan Integral y que impulsaba sus propios trabajos en red y de acuerdo con lo que parecía imprescindible. Esto va a tener consecuencias duras, no solo para los estudiantes. Esta es una experiencia maravillosa. Nuestros estudiantes, tanto de la UPO como de la Universidad de Sevilla, aprenden en la Flora en contacto con la población de Polígono Sur, en contacto con las entidades vecinales y las sociales, adquiriendo aprendizajes que no conseguimos darles desde las aulas. Aprendían modos de relación, aprendían de modo mucho más profundo las implicaciones de las desigualdades sociales y también herramientas y estrategias para afrontarlas y se encontraban con los mejores profesionales, porque en Polígono Sur están los mejores profesionales, tanto en lo público como en lo privado. Eso [puede] desaparecer también. Si se cierra, es difícil que se vuelva a abrir"."Hay que tener en cuenta —añade Torres-Gutiérrez— que las posibilidades de contacto de los habitantes de Polígono Sur con otras personas que viven fuera del barrio es muy limitada, más allá de algunos centros educativos, de algunas especialidades, donde sí llegan alumnos y alumnas de fuera de estos barrios y de algunas actividades concretas que puedan hacer las asociaciones o algún centro cultural, es muy limitado. Entonces no es ya que el propio Polígono Sur no pueda identificarse con el resto de la ciudad, sino que la virtud de la Flora es que ha conseguido que población de fuera de la ciudad se introduzca en el Polígono Sur con una voluntad de colaboración en distintos proyectos sociales con la población que vive allí. Esta interacción se ha producido gracias a la Flora, no ha habido nunca esto más allá de momentos y lugares testimoniales".PublicidadLa crisis de la Flora se origina, según la Universidad Pablo de Olavide, porque esta "no cuenta con los medios financieros necesarios para proceder con carácter inmediato a las obras de acondicionamiento del edificio: 420.000 euros en una primera fase de naturaleza imprescindible para la apertura, y otros 400.000 para la sustitución de los ascensores; y una cantidad de entre 3.000.000 y hasta 6.000.000 de euros, según las estimaciones realizadas por los servicios técnicos de la Universidad, para la rehabilitación integral".Así lo explicó el rector, Francisco Oliva, en una comunicación cuando los estudiantes iniciaron el encierro: "Con fecha de agosto de 2025, y tras el encargo de informes parciales que se han sucedido desde abril de 2024, el informe externo definitivo, debidamente valorado por los servicios técnicos de la Universidad, dictamina [...] que las incidencias detectadas no son puntuales, sino consecuencia de problemas estructurales derivados tanto de las características originales del inmueble —concebido inicialmente como edificio residencial de viviendas y posteriormente adaptado a otros usos— como de la insuficiencia de determinadas actuaciones de mantenimiento y renovación realizadas a lo largo de los años"."El informe —prosigue la información hecha pública por el rector— identifica un total de 39 incidencias, de las cuales varias son calificadas como graves o críticas y requieren atención prioritaria. Asimismo, se establece que las evaluaciones efectuadas coinciden en señalar la conveniencia de acometer actuaciones de renovación, adecuación y modernización que permitan garantizar plenamente la funcionalidad de las instalaciones, reforzar las condiciones de seguridad y asegurar la sostenibilidad futura del complejo. Esta situación exige una respuesta planificada, rigurosa y responsable por parte de la Universidad".PublicidadLa crisis de la Flora "supone una evidencia del retroceso de lo público, tanto por su origen como por sus consecuencias", analiza Mar González. "A esto se llega —agrega— porque las universidades estamos infrafinanciadas. Está evidenciando la falta de apuesta del Gobierno andaluz por las universidades públicas. Y que esto no levante una alarma y que no se pongan todas las administraciones alineadas para tratar de resolverlo tiene que ver con que lo público, con que las administraciones han dejado de tener una apuesta clara por la transformación de los barrios". La plataforma Nosotros también somos Sevilla enumera doce cuestiones que revelan el abandono y la segregación a la que la ciudad, sobre todo en estos últimos tiempos, ha sometido y somete al barrio. La primera es: "La eliminación de los poblados chabolistas de Sevilla se ha hecho alojando a las familias en el Polígono Sur. Las familias de Bermejales pagadas por el Ayuntamiento y alojadas en Los Verdes, son un ejemplo, pero no el único". La segunda: "Nos han llenado la plaza frente al Centro de Salud Inmaculada Vieira, la Parroquia S. Pio X y el colegio Nuestra Señora de La Paz de personas sin techo, que duermen y malviven en la calle frente al Centro que supuestamente tiene que atenderlos, pues es subvencionado para ello. Y no cesan los intentos de crear nuevos centros con el mismo fin en nuestro entorno, el último en la calle Porto Belo".La tercera, cuarta, quinta, sexta y séptima son: "Han eliminado la oficina de AVRA [la agencia pública de Vivienda] que había frente a El Esqueleto y la trasladaron a la calle Poeta Manuel Benítez Carrasco. Se han llevado la oficina de Correos que estaba en Martínez Montañés, primero, y en Alcampo, después. Se han llevado la Comisaría de Policía fuera del Polígono Sur. Se nos ha excluido de la red de Metro de Sevilla".La octava, la novena, la décima son: "Se ha desmantelado el centro de servicios sociales, dejándolo sin apenas trabajadores sociales que lo atienda, lo mismo que El Esqueleto y la biblioteca. No se han ejecutado las obras previstas en los PGOU desde el año 87 para eliminar los muros que nos aíslan. La ciudad se ha llenado de equipamientos administrativos que llevan vida y comercio a los barrios. Ni uno solo ha venido al Polígono Sur".La undécima y la duodécima son los cortes de luz y el recorte en las paradas de autobús. Así lo plantea la plataforma: "Se consiente que honradas familias con contrato y pagando sus facturas sufran interminables cortes de luz todos los días durante años, culpando de ello a los cultivos de marihuana. Cortes que casi desaparecen cuando viene La Esperanza de Triana o durante la campaña electoral de las elecciones andaluzas. ¿Qué ha pasado con la marihuana en estos días?"."También —añade— se ha modificado el paso de las líneas de autobuses 30, 31 y 32. El 30 casi no entra en nuestros barrios, el 31 y 32 han recortado drásticamente su recorrido. Las tres líneas han dejado sin autobús a más de cinco mil familias. En las nuevas paradas nunca se sabe si van a parar o no, pues los nuevos recorridos se alteran con mucha frecuencia, sin aviso alguno".En este proceso, remachan los vecinos, "hay que incluir ahora a la Residencia Flora Tristán, pues aunque permanezca el edificio, parece estar claro que será para otros menesteres encubiertos como fines sociales realizados por una entidad privada debidamente subvencionada, una más de las muchas que tenemos".
La residencia universitaria Flora Tristán, símbolo del desmantelamiento de lo público en el Polígono Sur de Sevilla
La asamblea de la Flora mantiene un encierro indefinido a la espera de una salida a la crisis que no implique su cierre.









