Olivia ha esperado dos años y medio para que el DNI refleje su identidad. En su cartera, la menor trans todavía lleva un nombre y un sexo que no le corresponde, pese a que cursó la solicitud para adecuarlo en el Registro Civil de Madrid en 2024 y la Ley Trans establece un período máximo de cuatro meses desde la comparecencia inicial del procedimiento. Vive un momento de cambio, de crecimiento, de madurez vital y de grandes cambios académicos, pero el tiempo pasa lentamente para la joven de 16 años que, desde Sevilla, obtuvo por fin una respuesta en junio. Una resolución que le permitirá iniciar a ella y a toda su familia una nueva etapa, sin ningún tipo de obstáculo para mostrar y responder a su verdadera identidad. La única razón que encuentran para tal tardanza es el “colapso” de la administración.

“Tengo ganas de que me den mi DNI y vivir una vida normal”, afirma Olivia. A su lado, está su madre, Carolina, ambas con pseudónimos. En este período, ha acompañado a la joven con cariño y paciencia, aunque el hastío y la indignación asoman cuando constata que los plazos no se cumplen y relata los episodios que han afrontado. Entre ellos, la lucha para que se asuma y respete la identidad de la menor en el colegio, o la preocupación al ver cómo se pierde las experiencias que disfrutan sus compañeros, como las excursiones en la que debe presentar el DNI antiguo o los viajes a los que no ha ido porque ya no es la persona que está inscrita en el documento, donde está su dead name —término que hace referencia al nombre y sexo con el que nace la persona antes de elegir con el que se siente identificada.