Actualizado a las 01:03h.
El primer fin de semana del Papa en España fue histórico, una sucesión de éxitos sociales, multitudes unidas y ejemplaridad cívica. Los que estuvieron sabrán de qué estoy hablando. La realidad es que vivimos lo que vivimos, que no es exactamente lo mismo que lo ... que creen que vivimos. Pero todo cambió el lunes, cuando los políticos abandonaron su inactividad, se reunieron con sus asesores y comenzaron a intentar patrimonializar el evento con argumentarios minúsculos y ventajistas que, como siempre, solo buscaban la división y el conflicto. Detrás de ellos llegaron las columnas y las tertulias valorando las declaraciones, tomando partido y enturbiando el ambiente para acabar por alimentar una polémica artificial que llegó a su cénit tras la visita de León XIV al Congreso. Y, un día después, la paletada de rigor del nacionalismo catalán, con la grandeza de una barra de fuet.
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