René Gastelumendi. Autor de contenidos y de las últimas noticias del diario La República. Experiencia como redactor en varias temáticas y secciones sobre noticias de hoy en Perú y el mundo.

El fujimorismo ha construido su identidad política bajo el libreto del anticomunismo y el miedo al socialismo destructor de la caja fiscal. Sin embargo, los recientes votos en el Parlamento desarman este relato. El próximo 28 de julio, Keiko Fujimori jurará como presidenta reivindicando la Constitución de 1993, presentada siempre como el Santo Grial de nuestra estabilidad gracias a sus candados económicos. El guion oficial dirá que el modelo está a salvo. La realidad, matemática y dura, indica que el cofre está semivacío y quienes terminaron de abrir el candado visten su mismo color político.

Vivimos una auténtica hemiplejia institucional. Mientras Julio Velarde defiende la frontera monetaria desde el BCR con la seriedad de siempre, el Congreso se ha dedicado a fundar una doctrina fáctica que bien podríamos bautizar como fujisocialismo: una alianza donde Fuerza Popular, con el voto militante de su bancada, perforó la caja fiscal por la espalda de la mano de sus supuestos enemigos ideológicos, sacándole la vuelta al artículo 79, que prohíbe al Parlamento tener iniciativa de gasto.