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Has catalogado al fujimorismo como un partido político claramente autoritario. Tras la primera vuelta y la campaña de Keiko Fujimori, ¿podrías decir que tu libro Señora K es un aviso que el país no quiso escuchar a tiempo?

Las publicaciones que yo hago son ejercicios de memoria. Más allá de opinar o decir que esto me parece mal o me parece bien, yo creo que, en ambos libros, tanto en Mototaxi como en Señora K, lo que se busca es hacer un ejercicio de memoria para que la gente pueda tener mayor acceso a una especie de archivo de las cosas que han pasado y puedan sacar ellos sus propias conclusiones.

Por ejemplo, el tema de los audios de los Cuellos Blancos, audios en los que jueces, fiscales, periodistas, empresarios y autoridades, como el Consejo Nacional de la Magistratura, hacían negociaciones turbias, uno se daba cuenta de cómo estaba un poco podrido el sistema de justicia. Entonces, lo que se busca es eso, que la gente recuerde, que la gente cuestione y que al final sea un insumo para que puedan tomar una decisión a la hora de votar.

¿Sientes que hay un antes y un después en tu vida a raíz de la política? Te lo pregunto porque ejercer el periodismo desde un espacio con tanto alcance te expone inevitablemente a ataques y cuestionamientos de todo tipo.