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Me voy a robar una pregunta que está en la tapa de tu último libro. ¿Por qué tantos ciudadanos en los últimos tiempos vuelven a confiar en el poder fuerte, en la mano dura?
Una primera razón tiene que ver con el tema de la seguridad. La gente busca sentirse segura. Un ejemplo que me gusta ponerles a mis alumnos es el siguiente.
Imagínate a un señor de unos 45 años que se dedica a reparar un montón de cosas. Hace gasfitería, electricidad, albañilería. Y tiene su celular, que es al mismo tiempo el lugar donde lo contacta la gente y el lugar al cual le hacen los pagos. Si a esa persona le roban el celular, no solamente está en riesgo su integridad física, sino que también tiene un impacto económico muy directo. Entonces, al final el ciudadano va a exigir: Oye, dame seguridad para que no me roben, para que no me afecten el bolsillo y para que no me puedan afectar a mí directamente. Y es por eso es que hay demandas de mano dura, de castigar fuertemente el crimen. Y eso no solamente pasa en el Perú, pasa en varias partes de América Latina. Si no, no tendríamos a alguien como Bukele, que en base a las demandas de seguridad se ha hecho del poder casi absoluto en El Salvador.
Claro, con un régimen así tienes ciertas garantías de seguridad, pero a cambio sacrificas un montón de libertades.







