Sentó mal en Ferraz y en la sede regional del PSOE que Enma López, miembro de la Ejecutiva federal y edil del Ayuntamiento de Madrid, anunciara por sorpresa en EL PAÍS su decisión de pelear por ser la alcaldesa de la capital. Los planes de la cúpula eran otros, querían controlar los tiempos y los nombres y no midieron que, a veces, incluso en la federación del presidente del Gobierno hay quienes se creen de verdad eso de “un militante, un voto”. Las primarias que han sido fundamentales en la trayectoria de Pedro Sánchez generan ahora inquietud en algunos sectores del partido tal y como expresó sin rodeos hace unas semanas la número dos del PSOE, María Jesús Montero: “Cuantas menos primarias, mejor”, recomendó a los suyos en Andalucía. ¿Habría tenido Enma López la oportunidad que le conceden los estatutos del PSOE de presentarse si no se hubiera adelantado? Por la reacción que tuvieron sus jefes, parece que se lo habrían puesto difícil. Los militantes deciden este domingo entre ella y la exministra Reyes Maroto en un proceso que, de entrada, ha demostrado que hay en el PSOE quien se atreve a presentarse sin pedir permiso al aparato, el aparato que contribuyó con sus resistencias a convertir en leyenda a Pedro Sánchez antes de que el aparato fuera él. Porque 10 años después de ser defenestrado por los poderes del PSOE, Sánchez tiene el control de las federaciones más importantes, gestionadas por dirigentes que han formado parte de sus gobiernos como Óscar López, secretario general en Madrid. Nadie duda en el PSOE de que las primarias llegaron para quedarse pero la realidad es que no siempre convienen a los mismos. Tras el desastre electoral de las europeas de 2014, Eduardo Madina truncó el plan de que Susana Díaz cruzara Despeñaperros bajo palio sin pelear con nadie el liderazgo del PSOE. Al final, se alinearon los planetas para que Pedro Sánchez haya sido dos veces secretario general de los socialistas tras dos disputadísimas primarias. No se ven con los mismos ojos las bondades de la democracia directa desde el poder, las candidaturas únicas hacen menos ruido; pero son una prueba de vida orgánica en el PSOE que muchos reciben con alivio porque la organización, como en épocas anteriores de gobierno, queda supeditada a los intereses del Ejecutivo. Que haya quien decida moverse sin red no tiene que ver con posiciones críticas sino con llevar hasta las últimas consecuencias el empoderamiento de las bases que propició el propio Pedro Sánchez en su campaña interna de 2017, cuando se proclamó como líder de la militancia y llegó a plantear una suerte de choque de legitimidades con los órganos de decisión del partido. Entonces el PSOE estaba en la oposición como ocurre ahora en territorios como Andalucía, antiguo feudo donde María Jesús Montero no quiere que el partido se distraiga en ajustes de cuentas internas en lugar de hacer oposición a la coalición de Juan Manuel Moreno con Vox. La consigna de la exvicepresidenta a los suyos hay que interpretarla en ese contexto, pero resulta inevitable verla además como la expresión del temor a que los socialistas andaluces se agiten más de la cuenta antes de las elecciones generales. Es decir, una lectura en negativo de las primarias y no como una oportunidad para dinamizar al partido e intentar implicar a cuanta más gente, mejor, en las decisiones para que tengan un efecto movilizador. No parece que esta visión sea la mayoritaria en este momento en el PSOE. Se ha visto en Madrid, donde Reyes Maroto lamentó que Enma López haya “abandonado el proyecto” por presentar una candidatura alternativa a la suya. Una “deslealtad”, dijo. Realmente, este duelo de la capital ha sido todo un síntoma de las contradicciones que atraviesan al PSOE que, en un momento político muy delicado, ve como un riesgo que haya dirigentes que decidan abrirse paso siguiendo las reglas del juego de las que presume el partido.