La recuperación de la memoria democrática todavía no se había convertido en tendencia literaria. Tampoco se trataba de 400 páginas pensadas para el asueto veraniego y repletas de torsiones de guión. Su narración avanza mediante elipsis y un estilo lírico que se aleja del grado cero del lenguaje. Ni siquiera está escrito en castellano, sino en gallego. Contra todos esos lugares comunes del best seller levantó Manuel Rivas O lapis do carpinteiro (Xerais, 1998), una novela breve e intensa sobre la represión fascista y sus cicatrices que se convirtió en una de las más vendidas de la literatura gallega, 100.000 ejemplares solo en gallego según cifras de la editorial. Traducida a 40 idiomas y con versión cinematográfica a cargo de Antón Reixa, O lapis do carpinteiro recogió además alabanzas de Günter Grass, Eduardo Galeano, Vázquez Montalbán o Erri De Luca.

La historia es una historia de amor atravesada por las turbulencias del siglo XX, o las turbulencias del siglo XX atravesadas por una historia de amor. El médico republicano Daniel da Barca y su pareja, Marisa Mallo, sobreviven a la cárcel de A Falcona, en el Pazo de Raxoi de Santiago de Compostela. Verano del 36. No lo hace, sin embargo, el pintor que dibuja el Pórtico de la Gloria con un lápiz de carpintero e ilustra a los presos y a quien pasea una cuadrilla fascista. Rivas (A Coruña, 1957) escribe sobre sombras: al fondo de su novela hay personas reales, porque su novela trabaja con la verdad. “El momento germinal de O lapis”, cuenta por teléfono a elDiario.es, “ocurre en Tui, a finales de los 80”. Era entonces un reportero freelance que entrevistó al doctor Francisco Comesaña y a su esposa, Asunción Concheiro, republicanos, socialistas, exiliados en Cuba y retornados a Galicia.