OpiniónReintegrar a militares retirados y devolver el uniforme al nuevo ministro de Defensa podría afectar la meritocracia y politizar las Fuerzas Militares.PERIODISTA18.07.2026 23:01 Actualizado: 18.07.2026 23:01 No es hora de baldes de agua fría para los colombianos. Por eso al actual gobierno, gústenos o no, hay que darle un respetuoso compás de espera, con la esperanza de que acierte. Esa es la razón por la que el nuevo presidente debe hacer un gran esfuerzo por evitar los errores involuntarios.Uno que está sobre la mesa es el nombramiento de un ministro de Defensa militar, el mayor general en retiro Jorge Eduardo Mora López, muy respetado entre el cuerpo de reserva.Aunque está retirado, amplios círculos castrenses discuten la conveniencia de reintegrarlo al cuerpo efectivo y devolverle su uniforme. ¿Es esto conveniente, y qué tan acertado pinta repetir con un militar en el Ministerio de Defensa?Equivocados, unos analistas andan soltando por ahí que nombrar ministros de Defensa civiles fue un mandato de la Constitución del 91. No es cierto. Y deberíamos recordar que los hubo varios en el siglo XX; solo mencionemos a dos ilustres de la primera mitad de siglo, Carlos Lozano y Lozano y Plinio Mendoza Neira.César Gaviria se dio la pela de romper la tradición de ministros militares que venía inmediatamente antes de él, bajo los gobiernos de Pastrana, López, Turbay, Belisario, Barco. Eso se volvió costumbre desde el Frente Nacional, porque como se había convenido paridad absoluta y eran 13 ministros, se consideró que para mantener esa neutralidad, el 13 fuera un militar, por apolítico.Los acontecimientos pre-Gaviria ya venían creando un clima creciente de opinión sobre la conveniencia de desmilitarizar la política. Lo del ministro militar había perdido la funcionalidad que cumplió durante el Frente Nacional. Pero después, particularmente de los gobiernos de Turbay, por cuenta de ciertas políticas represivas, y de BB, que enfrentó interferencias militares en sus amagos de aterrizar la paz (más los hechos del Palacio de Justicia), la opinión pública no sostenía ya la presencia militar en la vida política, porque no la veía necesaria y sí incómoda. Y fue creciendo el clamor por esa apertura.Gaviria lo captó así. Y en su famoso “revolcón” nombró como su ministro de Defensa civil al gran negociador de la paz del M-19 durante Barco, Rafael Pardo Rueda. Fue un paso relativamente tranquilo: era lo que el país pedía y, además, se convertía en una señal para los cambios de mentalidad que vendrían con la Constituyente.Gustavo Petro regresó a un general retirado como ministro de Defensa. Sus motivos no son iguales, pero sí parecidos a los que ahora tiene Abelardo para repetir la figura: mientras en la mente del primero siempre estuvo crear una élite militar leal a él, en la del segundo existe el interés de reinvertir la movida. Pero es distinta en que quiere enviar un mensaje de solidaridad a las Fuerzas Militares. A sus tropas, que Petro ha favorecido con medidas populistas como aumentos de sueldo y promesas de ascensos incumplibles, el tratamiento institucional que les dio como fuerzas legítimas armadas del Estado no pudo ser más pobre: agravó sus necesidades logísticas y financieras y minó la confianza en la meritocracia como mecanismo de ascenso en la carrera militar. A cambio, se llamó a retiro a cientos de oficiales curtidos y experimentados, muchos por razones políticas: porque varios eran muy capaces y, de pronto, a su nefasto ministro civil de Defensa, Iván Velásquez, no le cuadraba en la élite leal que estaba construyendo para Petro.Por eso el presidente De La Espriella cometería un gran error reintegrando a todos a quienes Petro retiró. Si el actual presidente lo hizo por razones políticas, el electo no los puede reintegrar por lo mismo: ahondaría el peligro, ya existente, de la politización de nuestras Fuerzas. Habrá excepciones de gente muy dotada, claro, retirada del servicio. Casos habría que estudiar. En la misma línea, reintegrar al servicio activo y devolverle el uniforme al nuevo ministro de Defensa nos regresaría al viejo problema de que los militares no están hechos para la política. El golpismo que hemos evitado en Colombia —a diferencia de otros países del continente— tiene su seguro en la meritocracia.Como los militares no están educados para batirse en ese ring político ni es su misión, un debate de control en el Congreso contra un uniformado, y más si termina en su retiro forzoso, golpea el prestigio de toda la institución, que debería mantenerse alejada de esos avatares. En cambio, si tumban a un ministro civil, habrá cumplido con su papel de fusible pero no se llevará a ninguna institución por delante.Ya el nombramiento del mayor general en retiro Mora López es un hecho. Ojalá que el gobierno entrante no lo empeore causando el desorden interno de jerarquías, reintegrando indiscriminadamente a todos a quienes Petro ordenó retirar.El Ministerio de Defensa para un militar es un regalo envenenado. Que no vuelvan a uniformar al entrante para no convertirlo en carne de cañón, ahora de la política.MARÍA ISABEL RUEDA Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. Mantente siempre actualizado con las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en Google News.EL TIEMPO WHATSAPPÚnete al canal de El Tiempo en WhatsApp para estar al día con las noticias más relevantes al momento.EL TIEMPO APPMantente informado con la app de EL TIEMPO. Recibe las últimas noticias coberturas historias y análisis directamente en tu dispositivo.SUSCRÍBETE AL DIGITALInformación confiable para ti. Suscríbete a EL TIEMPO y consulta de forma ilimitada nuestros contenidos periodísticos.