La final del Mundial ocupa el centro de la escena pública, pero en el Gobierno nacional ya proyectan el escenario político que vendrá después del torneo. En el entorno de Javier Milei hay una convicción que atraviesa todas las discusiones estratégicas: la batalla por la reelección comenzó mucho antes de 2027 y dependerá menos del entusiasmo futbolero que de la capacidad oficial para mejorar la economía y modificar el sistema electoral.
En Casa Rosada consideran que el impacto político del Mundial será necesariamente transitorio. Por eso, mientras millones de argentinos siguen pendientes de la Selección, el oficialismo trabaja sobre dos ejes centrales: consolidar una narrativa vinculada al poder adquisitivo y avanzar en cambios institucionales destinados a reducir el riesgo de un nuevo balotaje presidencial.
La preocupación no es menor. Las encuestas que recibe el Gobierno muestran desde hace meses niveles de rechazo cercanos al 60%, un dato que obliga a diseñar una estrategia de largo plazo para sostener la competitividad electoral de La Libertad Avanza. En ese sentido, después de haber construido buena parte de su legitimidad sobre la baja de la inflación y el equilibrio fiscal, el Ejecutivo busca instalar una nueva etapa del relato oficial centrada en el consumo y en la mejora de los ingresos.









