La carrera electoral de 2027 ya está en marcha y encuentra a Javier Milei y a Martín Llaryora en situaciones distintas, aunque obligados a convivir políticamente. Mientras el presidente busca consolidar una estructura nacional que le permita pelear por un segundo mandato, el gobernador apuesta a otro esquema: fortalecer su gestión, defender la identidad del cordobesismo y evitar compromisos electorales anticipados.

La relación entre ambos no está atravesada por la confrontación abierta que marcó otros vínculos entre Córdoba y la Casa Rosada, pero tampoco constituye una alianza estratégica. El oficialismo nacional necesita del respaldo de gobernadores dialoguistas para avanzar con reformas políticas y económicas, mientras que el mandatario provincial requiere mantener abiertos los canales de negociación con una administración que concentra recursos y decisiones clave para la provincia.

El discurso de ruptura que llevó a Milei a la presidencia comenzó a convivir con una lógica más tradicional de construcción política. Según distintas lecturas que circulan en el oficialismo, la Casa Rosada entendió que la gobernabilidad y la posibilidad de una reelección dependen, en buena medida, de acuerdos con dirigentes a los que hasta hace poco señalaba como parte de la “casta”.