En el arranque de Nanjing Road, la principal arteria comercial que late en el centro de Shanghai, se alza un santuario del actual consumo cultural chino: la tienda m�s grande de Pop Mart, el gigante juguetero que convirti� las cajas sorpresa en ritual generacional y que ha parido el fen�meno de los Labubu. M�s que una tienda, este espacio de tres plantas funciona como un parque tem�tico. Incluye una galer�a interactiva, habitaciones con ediciones limitadas y club social para iniciados.Al lado hay una cafeter�a que sirve t� matcha en tazas de cer�mica con forma de Labubu, la criatura de orejas puntiagudas y ojos enormes, a medio camino entre lo adorable y lo travieso, que se ha convertido en objeto de culto y lleva meses alimentando un frenes� de compras por todo el mundo. Su creador, el artista hongkon�s Kasing Lung, explic� que se inspir� en personajes de la mitolog�a n�rdica.El mu�eco empez� a viralizarse en TikTok cuando Lisa, integrante del grupo surcoreano de K-pop Blackpink, fue fotografiada con un Labubu colgado de su bolso de lujo. Despu�s, Rihanna y Dua Lipa adoptaron el accesorio, y hasta David Beckham public� en Instagram una foto con un Labubu enganchado a su bolsa. Otras celebridades vistieron al peluche con ropa de marca o incrustaron diamantes en sus dientes afilados. El juguete se transform� en gui�o de estilo global. En China, la narrativa oficial lo present� como prueba de su nuevo poder blando, de una nueva estrategia que algunos analistas han bautizado como diplomacia Labubu, t�rmino que comenzaron a utilizar el a�o pasado revistas especializadas en pol�tica internacional como Foreign Policy.Junto a una vitrina donde se exponen ediciones limitadas de productos de Pop Mart est� Li Wen, 27 a�os, una turista china. �Cuando era ni�a todo lo cool ven�a de Jap�n o de Estados Unidos�, dice. �Ahora sentimos que China tambi�n puede crear cosas que el mundo quiere. Antes copi�bamos; ahora marcamos tendencia�, contin�a. En la puerta de la tienda, haci�ndose una foto con un Labubu gigante se encuentra Zhang, otro turista chino de 33 a�os, quien opina que su pa�s ahora est� proyectando una imagen �m�s moderna�, aunque reconoce que en internet �hay cosas que no se pueden decir�, y eso le enfurece. �Eso siempre ha estado ah�. Lo que cambia es que ahora el mundo tambi�n ve lo bueno�, a�ade.La tienda de Pop Mart en Shanghai.LCEntre los turistas extranjeros que pasan por la puerta de la tienda hay un arquitecto dan�s llamado Mark, que est� de viaje con su familia. �Mis dos hijos adolescentes ten�an muchas ganas de conocer China porque en TikTok les sal�an muchos v�deos espectaculares sobre el pa�s. Decidimos venir cuando nos enteramos que ya pod�amos entrar durante 30 d�as sin necesidad de tener un visado�, cuenta.�Creo que China est� aprendido a proyectar una imagen m�s amable y cada vez m�s extranjeros vienen y se quedan asombrados�, se�ala Dinna, consultora alemana que lleva siete a�os residiendo en la capital financiera y que entra en la tienda para comprar un regalo. �Adem�s, el cuento simplista que la narrativa estadounidense contaba sobre una dictadura comunista malvada ya no funciona. Ahora todos pueden ver en redes sociales la otra cara de este pa�s�.Y esa otra cara fue viral hace unos d�as en las redes chinas y tuvo al presidente de Espa�a como protagonista: Pedro S�nchez subido a un coche el�ctrico de Xiaomi, el fabricante de tel�fonos m�viles que ahora tambi�n fabrica autom�viles de primer nivel, punteros en dispositivos tecnol�gicos. La diplomacia Labubu tambi�n consiste en ver al l�der de un pa�s europeo deleitarse ante los avances tecnol�gicos de las empresas chinas.Durante su viaje oficial de este mes a Pek�n, S�nchez visit� la sede de Xiaomi, donde fue recibido por Lei Jun, el CEO de la compa��a y diputado nacional del gobernante Partido Comunista. Adem�s de subirse al nuevo y elegante Xiaomi YU7, el socialista se puso las Xiaomi AI Glasses (gafas inteligentes con IA integrada junto a una c�mara y altavoz), salud� a los robots humanoides y a una mano bi�nica desarrollada por esta empresa, y se sent� en el sof� de un sal�n que recreaba una vivienda inteligente con sistemas dom�ticos integrados.�El presidente de Espa�a queda impresionado por los avances tecnol�gicos de China�, rezaba una nota del Diario del Pueblo, el peri�dico oficial del Partido Comunista, que tambi�n public� titulares similares durante las visitas este a�o al gigante asi�tico de otros l�deres occidentales relevantes, como el premier brit�nico, Keir Starmer, el canciller alem�n, Friedrich Merz, o el primer ministro canadiense, Mark Carney.S�nchez saluda a una mano rob�tica de Xiaomi.ANDRES MARTINEZ CASARESEFEDurante d�cadas, la influencia cultural global estuvo monopolizada por Hollywood y, en Asia, por el K-pop o el anime japon�s. Pek�n se presenta ahora como una superpotencia que es capaz de crear tendencias globales. Y para ello, adem�s de hacer virales momentos como el de Pedro S�nchez subido a un coche de Xiaomi, recurre cada vez m�s a campa�as de seducci�n con influencers internacionales. A principios de a�o, uno de los departamentos de propaganda del Partido Comunista organiz� una gira por varias ciudades para creadores de contenido europeos, latinoamericanos y estadounidenses. En Shanghai, una de las paradas fue la tienda de Pop Mart, desde donde retransmitieron delante de los Labubu gigantes que custodian la entrada.El Gobierno chino lleva a�os invirtiendo de forma sistem�tica en este tipo de poder blando. La expansi�n de plataformas como TikTok; el atractivo de marcas tecnol�gicas chinas como Huawei, Xiaomi o DeepSeek; el auge de sus coches el�ctricos; la flexibilizaci�n de visados para decenas de pa�ses.Toda esta ofensiva de encanto, apuntalada por una televisi�n estatal que ya emite en m�ltiples idiomas y plataformas digitales, intenta consolidar una imagen de China como una potencia tambi�n culturalmente vibrante. Pero lo que el relato omite es que la estricta censura ha funcionado como cors� creativo. No es casual que buena parte del p�blico occidental sea incapaz de citar una pel�cula comercial china reciente o el nombre de un cantante del pa�s. En una naci�n con m�s de 5.000 a�os de historia cultural, la proyecci�n global ha estado limitada por un sistema que filtra, recorta y vigila la expresi�n art�stica.En estos momentos, bajo el mandato de Xi Jinping, el enfoque parece que est� evolucionado. Sin desmantelar el aparato de control, el r�gimen ha decidido impulsar la propiedad intelectual propia. Y, contra pron�stico, la acogida exterior de la Marca China est� resultando m�s c�lida de lo esperado. A finales del a�o pasado, una encuesta realizada por The Economist mostraba que la imagen global de China est� mejorando con mucha rapidez. El estudio, basado en 32.000 entrevistas en 32 pa�ses, reflejaba que el porcentaje de personas que preferir�an a China como potencia l�der hab�a aumentado de forma significativa en 2025 (alcanz� el 33%, tras subir 11 puntos porcentuales), mientras que el apoyo a Estados Unidos ha retrocedido.Entre los j�venes de 18 a 24 a�os, EEUU y China est�n pr�cticamente empatados: 41% frente a 39%, una brecha m�nima si se compara con generaciones mayores, donde Washington mantiene ventajas de hasta 30 puntos. Adem�s, una nueva encuesta de POLITICO, considerado el medio de comunicaci�n m�s influyente en Bruselas, confirmaba lo que hasta hace pocos a�os parec�a imposible: EEUU, para una mayor�a de ciudadanos de muchos pa�ses europeos, ya representa una amenaza mayor que China.La tienda de Pop Mart de Nanjing Road es una muestra de c�mo China ensaya una narrativa m�s est�tica y emocional, construyendo una capa de encanto que diluye el foco sobre las zonas oscuras de su sistema: la censura, la represi�n de la disidencia y las permanentes denuncias de vulneraciones de derechos humanos. Nada de esto desaparece, pero queda relegado a un segundo plano bajo la apariencia atractiva de una China moderna y creativa, la misma que a la que ha sucumbido Pedro S�nchez durante sus cuatro viajes en cuatro a�os al pa�s asi�tico.