Actualizado S�bado,

julio

22:03�lvaro Serrano sali� a hombros en la primera cita de la feria de Santander, con mucho esfuerzo y no menos disposici�n, con la misma ganader�a de Montealto sobre la que abri� la Puerta Grande de Madrid. El toreo qued� para otro d�a m�s propicio. A la tremendamente desigual novillada de Agust�n Montes hubo que buscarle los resquicios dentro de su arr�tmica movilidad, con las caras muy sueltas, sin entrega ni clase, muy bruta. La �nica amabilidad de los utreros de Montes residi� en las caras de los tres apretados primeros; a partir del cuarto, aquello se dispar� por una escalera destartalada de hechuras. Julio Norte embisti� todo lo que no hicieron sus oponentes. Conquist� una oreja y perdi� otra con el acero. Ninguna "oportunidad" desperdiciada. Ni tampco por el mexicano Ignacio Garibay, el m�s verder�n, que no se dej� nada en el tintero salvo la espada. �lvaro Serrano hab�a abierto plaza muy dispuesto por faroles y ver�nicas de rodillas; tambi�n en pie las ver�nicas y los faroles (en un quite). Y un galleo por chicuelinas. Lo hac�a bien el novillo -un punto bruto por entonces- y se emple� con celo en el caballo. Fue la derecha su mano. Cuando Serrano le puso la izquierda, amag� y le peg� una volvereta; ya no se volver�a a poner por ese pit�n. La faena fue diestra, ligada y firme, sin perder esa firmeza ni cuando la embestida perd�a recorrido, embruteci�ndose por momentos. Un pinchazo, una estocada, una oreja. Pase cambiado de Ignacio GaribayEste Cerillero tuvo un hermano del mismo nombre lidiado como tercero, con menos opciones, m�s agarrado al piso desde el principio de la faena. Muy seco el disparo despu�s de apretar en banderillas. Ignacio Garibay entendi� pronto, tras los cambiados de apertura, que hab�a una rendija por la mano izquierda. Buen trazo el del espigado mexicano de aquilatado asiento, un sentido de la puesta en escena de sincero e ingenuo valor, tan expuesto con el bruto ya totalmente quedo. Apret� los dientes en serio arrim�n, pero pinch� dos veces hasta que le cambi� al toro la suerte. Y ahora enterr� estocada. Julio Norte arre� de principio a fin con un casta�o de escasa fijeza -tan mir�n- ning�n ritmo y obediencia en el �ltimo instante. A esa obediencia hab�a que llegar tragando lo suyo, lo que hizo Norte sin una solo duda y una capacidad impropia, una ba�l de recursos t�cnicos. Derroch� valor a espuertas desde el pr�logo de rodillas a los circulares invertidos del ep�logo, cuando acab� mont�ndose encima. Perd�a las manos el novillo, adem�s, cuando le exig�a por abajo. Requiri� un esfuerzo sordo para resolver todas las ecuaciones. Que fueron muchas. Un espadazo impepinable le entreg� la oreja. Pase de pecho de Julio NorteArjonaLances de FuturoSub�a por su cara un cuarto -un torito- que se movi� mucho o se movi� m�s pero, precisamente, con esa misma cara muy suelta. �lvaro Serrano volvi� a demostrar su enorme disposici�n, pretendiendo incluso dibujar derechazos desmayados como si all� hubiera clase para hacerlo. La espada -su mejor aliada junto con la firmeza- puso la resoluci�n final a su mucho querer. Y as� el estoconazo le proporcion� al madrile�o otra oreja -tambi�n ganada con esfuerzo gigante- y la puerta grande. Ante el manso, feo y destartalado quinto -el de menos peso-, de marcadas querencias, quien embisti� fue Julio Norte. Metido en tablas, y muy metido con el novillo, tir� de �l con la izquierda, descarado, con fondo de torero largo. Pero se atasc� con la espada despu�s de vaciarse. El �ltimo era directamente un caballo. No pod�a ser otra cosa que un manso, muy suelta la cara para no variar el ADN de la novillada de Montealto. Horriblemente lidiado, por cierto. Garibay, tan nuevo, sac� en limpio todo lo que pudo con una entrega no correspondida.