Resulta imposible discernir cómo va a ser considerada en el futuro esta etapa convulsa y fascinante de la televisión global y de la producción de series en particular. Las plataformas llegaron, gastaron, produjeron muy por encima de sus posibilidades (y de las nuestras) y ahora se busca acomodo, compra y venta de activos, fusiones para crear monstruos globales. Se reduce la producción y paga el espectador, ya enganchado a lo que antes costaba la mitad. Y con anuncios para completar el viaje. Primero de capitalismo tecnofeudal.Pero he aquí que algunos, sospecho que nunca vieron tampoco gran cosa, aseguran que se acabó, que ya no hay nada como lo de antes, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Como con los tomates, el pan o el periodismo. Ya saben. Se refieren, imagino, a esa sucesión salvaje de Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Mad Men, The Wire (que en su momento no vio nadie ni aquí ni en Estados Unidos ni en ningún sitio), Breaking Bad y todos esos títulos que cambiaron la conversación global. Antes ya se había hecho muy buena televisión, pero aquello fue otra cosa. Y luego, y no me voy a poner enciclopédico, vinieron Homeland, Juego de tronos, Succession… pongan el título que más les guste. Era el momento álgido de la conocida como peak tv, que llegó al récord de 600 producciones al año en Estados Unidos en 2022. Aquello se acabó y no es necesariamente malo. Como bien apuntaba Natalia Marcos en su análisis de los Emmy, es probable que nos encontremos en un momento de transición, de cambio de ciclo. Sin embargo, un sistema capaz de producir en una época más discreta The Pitt, Hacks, Severance, Ted Lasso o The Bear no puede estar en decadencia. Puede encontrarse en un punto de inflexión existencial, amenazado por una inteligencia artificial que hace temblar a los creadores y babear a los ejecutivos; puede estar desorientado o correr de forma demasiado descarada en pos de la última tendencia. Pero cuando uno busca en las plataformas algo que ver, está abriendo una de las mayores muestras de talento narrativo de la historia, una ventana a lo que todavía queda de grandioso en un país que dilapida valores a diario en casi todo lo demás. Llegará pronto un nuevo pelotazo global, producido en Estados Unidos o en Corea, da igual: eso no medirá la salud de las series, que depende realmente de la capacidad para crear y hacernos soñar, lo vean 10 millones o 100. Fíjense, si no, en lo que está haciendo Apple TV. Los apocalípticos tendrán que esperar.