Robert Armstrong

Londres / 26.06.2026 01:55:10

Las antiguas empresas de estudios experimentan con varios modelos nuevos.Este año hubo dos acuerdos de medios lo suficientemente audaces como para transformar la huella estratégica y financiera de las compañías involucradas. El mercado odia a ambos. La falta de entusiasmo por la compra de Warner Bros. Discovery en 111 mil millones de dólares en febrero por parte de Paramount Skydance es evidente en un precio de las acciones que se mantiene en la mitad de los máximos de 2025, y ocho calificaciones de venta de Wall Street frente a sólo dos compras. Este mes, a la adquisición de la plataforma de televisión por streaming Roku por parte de Fox Corporation por 22 mil millones de dólares le siguió una caída de 25 por ciento en las acciones del comprador.Estas malas reseñas no son críticas a la lógica de los acuerdos. También reflejan la larga y agotadora transformación de la industria de la televisión. Esto todavía está lejos de completarse, incluso cuando otra ola de cambios está lista para afectar a la industria.Para mezclar metáforas: la televisión por cable en EU solía ser una gallina que ponía huevos de oro, y ahora es un pastel cada vez más pequeño. Los consumidores alguna vez pagaron una considerable tarifa mensual por un paquete de docenas de canales lineales. El oro provino de obligar a los clientes a pagar por canales que apenas veían. Si querían el mejor contenido (deportes en ESPN, películas en HBO, noticias en Fox) tenían que comprar una “larga cola” de cadenas oscuras. También se vendía publicidad para el paquete. Era un negocio estable y de alto margen. Los estudios y distribuidores sacaron provecho y el cliente tomó lo que le dieron.El servicio de streaming de Netflix ofrecía algo mejor: entretenimiento sobre demanda de todo lo que puedas comer, en un menú amplio y a un precio bajo (aunque ahora está aumentando). En respuesta, los clientes empezaron a abandonar el viejo modelo: en la actualidad, 62 millones de hogares estadunidenses tienen una suscripción tradicional de televisión de paga: 3.5 millones menos que hace un año y 36 millones menos que hace una década, de acuerdo con MoffetNathanson Research.Las antiguas empresas de estudios y distribuidores han experimentado con varios modelos nuevos y se conformaron con administrar sus menguantes negocios lineales por dinero en efectivo mientras invierten en sus propios servicios de streaming bajo demanda: HBO Max, Paramount+, Disney+, etcétera. Pero el pastel se hace más pequeño. Un suscriptor de streaming genera menos ingresos y utilidades que un suscriptor de cable. Y a las compañías de tecnología como Apple y Amazon también les gusta el negocio de crear y transmitir contenido. La competencia significa que los precios se van a mantener bajos. La industria nunca volverá a ser tan rentable como antes.Para los espectadores esto es algo para celebrar. La televisión por cable fue un mal negocio. Netflix tomó una parte de las utilidades del oligopolio y se las devolvió a los consumidores. Para la industria, sin embargo, se le obligó a tomar decisiones difíciles. El streaming de contenido original sólo es rentable de manera sostenible a escala. Paramount+ no lo tenía, por lo que combinarlo con HBO Max, mediante la compra de Warner Discovery, se convirtió en una necesidad para Paramount Skydance. Esto los llevó a pagar de más. Incluso Fox, cuya combinación de deportes y noticias ha demostrado ser la más persistente de los viejos modelos de distribución, tuvo dificultades con la percepción de que carecía de un puente hacia el mundo posterior al cable. Así que pagó en exceso por Roku, brindándoles un popular sistema operativo de tv que conecta a los hogares con varias plataformas, y un servicio de streaming gratuito basado en publicidad para combinar con el suyo.Con el tiempo, la industria alcanzará un nuevo equilibrio estable con un menor nivel de utilidades, tal vez con menos participantes. La pregunta es si este equilibrio va a satisfacer de forma óptima las necesidades de los clientes. La situación actual no lo hace.La mezcla heterogénea de plataformas operadas por creadores de contenido, compañías de telecomunicaciones y grupos de tecnología deja a los espectadores con una experiencia de usuario algo fragmentada, confusa y frustrante. Varios controles remotos. Un Apple TV en la sala, un Roku TV en el sótano y una tercera configuración en laptops y móviles. Cambiar entre múltiples suscripciones en busca de programas. Los aficionados al deporte son los que peor lo pasan, persiguiendo a sus equipos de un lugar a otro.Si bien algunas plataformas de distribución digital (Apple, Charter, Amazon) ofrecen paquetes con diversos canales lineales y opciones de streaming por un precio único, los clientes aún tienen que cambiar de plataforma, y los productores de contenido de la más alta calidad tienen un incentivo para mantenerlo en sus propias plataformas, lo que garantiza que la industria siga siendo un caos. Es casi suficiente para añorar el oligopolio de ABC-NBC-CBS, un mundo con menos opciones, pero mucho más agradable de usar en comparación.Mientras tanto, los hábitos de consumo televisivo de los jóvenes, impulsados por las redes sociales, le abren paso a nuevos competidores. YouTube ahora tiene la segunda mayor participación de audiencia televisiva total, solamente lo supera por poco el conjunto de Paramount y Warner, según MoffetNathanson. Los videos cortos, al estilo de TikTok, dieron lugar a los microdramas, series con episodios de uno o dos minutos dirigidas a los usuarios habituales de internet. Ya son un gran negocio en China. Como argumenta Laurent Yoon de Bernstein, formatos similares van a permitir a las plataformas de redes sociales captar la atención de los streamers. Si a esto le sumamos la rápida mejora de la producción mediante IA, tenemos la fórmula para una oferta aún mayor, distribuida en un panorama industrial aún más fragmentado.¿La industria podría unirse para resolver este problema? ¿O acaso una especie de Suiza digital desarrollaría una superplataforma neutral que simplifique el proceso? Es difícil imaginar que esto ocurra, cuando casi todos los competidores se enfrentan a sus propias reestructuraciones y las compañías de redes sociales están empeñadas en seguir generando disrupción. El futuro de la televisión será interesante, diverso y, sin duda, más frustrante de usar.