El 23% de los futbolistas del torneo han competido por un país que no es donde nacieron. No es casualidad y está perfectamente bien

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Este iba a ser el Mundial de la globalización, y lo ha sido más de lo que pensábamos: el 23% de los jugadores compite por un país diferente al de su nacimiento. Es un dato alucinante que habla de mucho más que fútbol. Pero primero los números. He mirado el lugar de nacimiento de todos los jugadores y el resultado es chocante: han competido 96 futbolistas nacidos en Francia. ¡Casi cuatro plantillas completas! Solo 22 juegan con Francia; el resto viste la camiseta de Argelia (13), RD Congo (11), Haití (11), Senegal (10), Costa de Marfil (8), Marruecos, Túnez o Cabo Verde. La cantera francesa alimenta a media África francófona y a parte del Caribe.

Y no es solo Francia. Los otros grandes exportadores de talento son Países Bajos (67 futbolistas nacidos allí), Alemania (50), Inglaterra (45), Suecia (37), Bélgica y España (36 cada una): países ricos, con ligas potentes y con inmigración. Además, los cruces de origen y destino no son aleatorios, sino que responden a vínculos entre países. A veces es un lazo colonial, como el de los 25 curazoleños nacidos en Países Bajos o el de los cinco congoleños nacidos en Bélgica. A veces es pura vecindad: en Inglaterra nacieron cinco escoceses y en España, seis marroquíes. Y casi siempre hay detrás una familia de inmigrantes, como los cinco turcos nacidos en Alemania, o de refugiados, como los cuatro iraquíes y los tres bosnios que nacieron en Suecia.