18 de julio, 2026 - 09h00Hoy quise asumir el reto de escribir sobre el Mundial sin hablar de fútbol, puesto que esta competición es un excelente escenario para dialogar sobre cultura. La cultura es tan necesaria y vital como el oxígeno. La encontramos en una familia, en un grupo de amigos, en una empresa o en un país, es decir, habita y se desarrolla en las personas.En esta Copa del Mundo fue evidente que cada equipo tenía su cultura y que —en algunos casos— fue proyectada de tal forma que los espectadores terminaron identificándose con ella. Un buen ejemplo fue la selección de Noruega, que dio un campanazo inicial con aquella foto al estilo de los vikingos, que bien podría asumirse como una jugada de marketing. Pero fue esa mezcla entre su jugador emblemático (sí, ya empezó a sonar la canción en sus mentes), el juego aguerrido del equipo y el ritual con su hinchada al festejar sus triunfos que los convirtió en un verdadero fenómeno cultural. Al final, los comportamientos son los que reflejan cómo se vive la cultura y los noruegos nos han dado una cátedra de cómo se gestiona. Por eso, la cultura no se define por tener un papel con una misión, visión, valores o un propósito bonito. De nada sirvió que uno de los países organizadores del Mundial se autoproclamara el mejor anfitrión si su hinchada agrede a los contrincantes. Es evidente que sus embajadores culturales no estuvieron a la altura. Finalmente, la cultura también se expresa en los resultados. Si analizamos a los finalistas, cada uno tiene un estilo que define la forma como se comunican, asumen las dificultades, toman decisiones y meten los goles. Por lo tanto, el campeón será aquel cuya cultura esté mejor orientada a obtener los resultados. Disfruten de la gran final, ¡y que gane el mejor! (O)
Álex von Buchwald: La cultura del Mundial | Columnistas | La Revista
Los comportamientos y los resultados de un encuentro humano reflejan cómo se vive la cultura.












