Publicidad18 de julio, 2026 - 09h00En el escritorio de la ambateña Ana Freire ya no hay balances generales ni facturas, aunque su título de ingeniera en Contabilidad y Auditoría cuelgue en la pared como recordatorio de una vida pasada. Ahora, su espacio de trabajo está inundado por lápices de colores y retratos de mascotas hechos a mano.Tras más de una década de estabilidad laboral tanto en el sector público como privado, tuvo un momento de quiebre en marzo de 2025: Ana renunció a su empleo por “paz mental” y se enfrentó a la fría realidad de un mercado laboral que la miraba con recelo.PublicidadVelas de soya con aceites veganos importados: El arte de una ecuatoriana que “engaña los sentidos del cerebro”“Se me hizo un poco complicado, sobre todo por el tema de la edad (...), porque ahora hay tanta gente joven buscando.Entonces, sí está un poquito peleado el mercado”, confiesa la mujer de 39 años sobre aquel periodo de incertidumbre que, sin saberlo, la empujaría de vuelta a los pinceles que usó desde su infancia.Y así fue que nació Anafc.art, en agosto de 2025, no como un plan de negocios, sino como una respuesta al tiempo libre y a la necesidad de paz.PublicidadPublicidadSu talento siempre estuvo allí, heredado de su padre pintor, a quien observaba desde que era “muy chiquitita”, pero de alguna manera escondido bajo la creencia de que “de eso no se puede vivir”.Sin embargo, fue la sugerencia de un amigo lo que encendió la chispa definitiva en Ana: “Mira, yo tengo tres gatos. Píntales”, le dijo. Entonces, aquel encargo informal fue el primero que pronto involucró a familiares y, en pocos meses, a desconocidos de todo el Ecuador que buscaban inmortalizar a sus compañeros de cuatro patas.El poder del color El arte de Ana no se basa en óleos costosos ni en lienzos monumentales, sino en la sencillez técnica de los lápices de colores sobre cartulina. Esta elección se convirtió en su mayor carta de presentación, aunque al principio tuvo que lidiar con el escepticismo de quienes asociaban el material con tareas escolares, argumenta.“Cuando yo empecé había mucha gente que decía: ‘Lápices de colores’, o sea, como que minimizaban el tema..., como que todo el mundo lo hace así y no tiene nada de extraordinario”, relata Ana.‘De vender 15 bolos diarios a 400′: el impacto de la viralidad para un negocio guayaquileñoSin embargo, su destreza demostró que la complejidad reside en la mano y no en la herramienta: “Ya con el tiempo queda demostrado que no se trata del material, sino de saber utilizarlo y aprovecharlo”.Cada retrato suele medir 20 x 25 centímetros, y suele tardarse un día por lo minucioso que es el trabajo.PublicidadEl 80 % de sus pedidos son envíos nacionales y para esto implementó un sistema de confianza: cobra el 50 % por adelantado y envía fotografías del progreso del cuadro. Esto para evitar posibles estafas.Maneja su tiempoA pesar de que su jornada actual suele comenzar a las 07:00 y extenderse hasta las 23:00, el agotamiento que siente es de una naturaleza distinta al estrés administrativo.Para Ana, la lucha más difícil no fue dominar el pelaje de una mascota, sino vencer la barrera del emprendimiento en un entorno poco artístico.“Con lo que he tenido que luchar bastante es con el miedo, porque siempre está el ‘¿Y si no lo logro?’. No es que se dé un mayor valor al arte”, dice y agrega que la especialidad terminó dándole la razón.Ahora sus ingresos han logrado equipararse a lo que percibía bajo relación de dependencia. Y con esto cubre sus gastos y aporta a sus padres.“Hago las cosas a mi manera sin ese tipo de presión... No es un peso. Ni siquiera me doy cuenta de la hora, porque me gusta lo que estoy haciendo”, asegura Ana. (I)
Renunció a su trabajo como contadora y hoy vive de hacer retratos de mascotas: “Mi mayor lucha fue vencer el miedo”
La ambateña no imaginó que su pasión por el arte hoy sería su mayor ingreso económico.











