Actualizado S�bado,
julio
00:05Siempre digo que el teatro tiene algo que ning�n otro espect�culo puede ofrecer: lo que pasa esa noche no volver� jam�s a repetirse exactamente igual. Puedes ver una pel�cula diez veces y ser� siempre la misma. Una funci�n de teatro, nunca. Y eso tiene un punto de magia que me sigue fascinando despu�s de tantos a�os encima de un escenario. Si tengo que recomendar tres obras para esta temporada, ser�an estas.La escopeta nacional, en el Teatro Espa�olUn retrato de las relaciones de poder de rabiosa actualidad. La escopeta nacional, que puede verse el Teatro Espa�ol, es una de esas historias que demuestran que el tiempo pasa pero las personas cambiamos bastante menos de lo que creemos. Berlanga y Azcona retrataron como nadie nuestras miserias, nuestra picaresca y ese humor tan espa�ol que consigue hacerte re�r mientras te deja pensando. Adem�s, tiene un reparto extraordinario con compa�eros a los que admiro mucho, como Elisa Matilla, que est� espl�ndida. Es de esas funciones en las que uno disfruta viendo a grandes actores defender un texto que sigue tan vivo como el primer d�a.Lo que m�s me atrae de esta adaptaci�n es comprobar c�mo un texto nacido de una pel�cula tan emblem�tica sigue teniendo una vigencia sorprendente. Ese retrato de las relaciones de poder, de los intereses personales y de las apariencias contin�a resultando muy reconocible. El humor de Berlanga y Azcona nunca fue gratuito: detr�s de cada carcajada hab�a una mirada cr�tica sobre una sociedad que, en muchos aspectos, sigue pareci�ndose bastante a la nuestra.Adem�s, el paso al escenario le aporta una energ�a diferente. El p�blico comparte la risa con los actores y descubre nuevos matices en unos personajes que forman parte de la memoria colectiva. Es una funci�n muy bien dirigida, con un reparto de enorme nivel, capaz de mantener el equilibrio entre la comedia m�s disparatada y esa fina iron�a que convirti� a La escopeta nacional en una obra imprescindible de nuestra cultura.Para saber m�sPor mis muertos, en el Teatro LaraUn regalo para vidas estresadas. Siempre he pensado que hacer re�r es una de las cosas m�s dif�ciles de este oficio, y esta funci�n lo consigue con una naturalidad admirable. Tiene ritmo, personajes divertid�simos, situaciones disparatadas y un humor muy inteligente. Sales del teatro con la sensaci�n de haber desconectado de verdad, y eso, tal y como est� el mundo, ya es un regalo.La propuesta juega con un punto de partida tan original como universal y demuestra que la comedia puede hablar de asuntos muy humanos sin perder ligereza. Jose Warletta construye una historia llena de giros, malentendidos y personajes muy reconocibles, de esos que todos creemos haber conocido alguna vez.Adem�s, me gusta especialmente porque es una de esas comedias que no se conforman con encadenar chistes o situaciones disparatadas. Detr�s de cada escena hay un retrato muy reconocible de las relaciones familiares, de las peque�as miserias cotidianas y de esa capacidad que tenemos para complicarnos la vida cuando, probablemente, todo ser�a mucho m�s sencillo si habl�ramos con honestidad. Ah� reside buena parte de su acierto: el espectador no solo se r�e de lo que sucede sobre el escenario, sino que acaba reconoci�ndose, de una forma u otra, en los personajes.Lo que m�s valoro es que nunca busca la carcajada f�cil. El humor nace de las situaciones, del ritmo y de unos di�logos muy bien escritos. Es una de esas funciones que conectan con p�blicos muy distintos porque consigue que todos entren en el juego desde el primer minuto y salgan del teatro con una sonrisa y con la sensaci�n de haber pasado una muy buena tarde.Creo, adem�s, que ese equilibrio entre humor y emoci�n es uno de los mayores logros de la obra. Sin renunciar nunca a la comicidad, deja espacio para la ternura, para la nostalgia e incluso para reflexionar sobre c�mo afrontamos la p�rdida, los recuerdos o los afectos. Y eso es algo que no siempre resulta f�cil de conseguir. Al final, uno disfruta de una comedia inteligente, bien construida y profundamente humana, de esas que entretienen, hacen re�r y, casi sin darte cuenta, tambi�n dejan un poso que permanece mucho despu�s de que caiga el tel�n.La comedia de la olla, en el Festival Internacional de Teatro Cl�sico de M�rida2.000 a�os de debilidades humanas. Tengo la suerte de formar parte de este proyecto y estoy deseando compartirlo con el p�blico. El 29 de julio levantaremos el tel�n en el majestuoso Teatro Romano de M�rida y os aseguro que no se me ocurre un lugar mejor para reencontrarse con Plauto. Han pasado m�s de 2.000 a�os desde que escribi� esta comedia, pero sigue haci�ndonos re�r con las mismas debilidades humanas: la avaricia, los enredos, el amor y esa man�a que tenemos de complicarnos la vida nosotros solitos. La adaptaci�n respeta el esp�ritu del cl�sico, pero tiene un ritmo muy actual y unas ganas enormes de que el p�blico disfrute.Plauto fue uno de los grandes maestros de la comedia y buena parte del teatro occidental le debe much�simo. Sus personajes, sus enredos y su manera de observar las debilidades humanas siguen funcionando porque hablan de cosas que nunca pasan de moda. Por eso resulta tan estimulante recuperar este texto desde una mirada contempor�nea, respetando su esencia pero acerc�ndolo al p�blico de hoy.Creo que esa es una de las grandes virtudes del Festival de M�rida: demostrar cada verano que los cl�sicos no pertenecen al pasado, sino que siguen dialogando con nosotros. Cuando un texto escrito hace m�s de 2.000 a�os provoca la risa, la complicidad y la emoci�n del espectador actual, uno entiende por qu� estas obras han llegado vivas hasta nuestros d�as.Si este verano pasa usted por M�rida, le invito de coraz�n a venir a verla. Creo que hay pocas experiencias tan especiales como sentarse bajo el cielo de una noche de verano en el Teatro Romano y comprobar que los cl�sicos siguen teniendo mucho que contarnos... y muchas carcajadas que arrancarnos.








