Alguien preguntó, alguna vez, refiriéndose al permanente viaje del PP hacia el centro: ¿de dónde viene esta gente que no termina de llegar nunca? Ahora, el foco de la derecha es Vox y está en la banda diestra, extramuros, del PP. Al fin, en un escenario donde podrían exhibir su declarada vocación de equilibrio, los populares demuestran que, en realidad, su pulsión es la itinerancia y se pierden en los páramos radicales. Aunque allí las cosas tampoco son sencillas. Sus habitantes están a merced de la voluntad de su jefe, Santiago Abascal, quien fue vanguardia al abandonar a su suerte a los excompañeros del partido de la gaviota que en 2023 se toparon con el infierno mientras pensaban que tendrían un verano azul. Ahora, todo indica, que las próximas estaciones serán de color verde. Verde kriptonita.
Santiago Abascal se asoma a un balcón y su expresión es la propia de un depredador porque se agarra con fuerza del pasamanos del que cuelga una bandera española y pareciera que atisba a lo lejos una presa sobre la cual lanzarse. El ritual de conquista lo marca un accesorio ridículo fuera de la iconografía vintage de su partido: el morrión de los Tercios españoles del siglo XVI que luce en su cabeza. Esta imagen, que apareció en un tuit de Vox, parece conversar con Fernando Sánchez Dragó, quien fuera intelectual orgánico del partido en sus últimos años de vida. “Con su barba ligeramente recortada en punta, [Abascal] es un capitán, es Hernán Cortés”, dijo a Le Monde en 2019.







