La fuerza actoral de Pepe Viyuela pudo de nuevo con el Teatro Romano de Mérida. Pero en esta ocasión no fue gracias a un papel cómico, sino galopando a lomos de un personaje amargo, bien negro y resentido. Viyuela es Timón de Atenas, un noble de una generosidad desmedida que cuando se arruine y nadie lo ayude se transformará en un anacoreta lleno de odio hacia sus congéneres. En un protoanarquista cabreado.

Timón de Atenas es una de las obras “raras” de Shakespeare. Nunca la estrenó en vida. Los teóricos creen que está en cierto modo inacabada, que el inglés la abandonó cuando se le cruzó otro proyecto, nada menos que Coriolano. Timón es una de sus obras menos representadas. En España, la llevó a escena Ariel García Valdés con Lluís Homar en los noventa. Francisco Suárez la dirigió en este mismo festival en 2008 y el último montaje, de la compañía La Brutal con Julio Manrique a la cabeza, fue hace doce años.

Ahora le ha llegado el turno al argentino Hernán Gené, director ya senior que además es teatrero de raza. Hernán es hijo del gran Juan Carlos Gené, uno de los hombres de teatro más relevantes del siglo XX latinoamericano. Desde que este director se quedó a vivir a principios del siglo XXI en nuestro país ha dado buena cuenta en numerosos montajes de su saber y buen hacer. En esta ocasión tampoco ha decepcionado. Es un director con olfato y aunque es un especialista en el clown y el teatro físico, Gené no se ha perdido en vericuetos cómicos y ha sabido centrarse en la naturaleza negra de la obra, que es donde reside su verdadera fuerza.