Si alguien no hubiera visto ni un partido del Mundial y se guiara solo por lo que cuentan los chistes y memes en redes sociales, tendría la impresión del presidente de Estados Unidos puede quitar tarjetas rojas a su antojo. Pensaría que Ancelotti no quería ver jugar a Endrick ni un minuto con Brasil y que a la FIFA le podría interesar que Argentina llegara a las fases finales del torneo aunque solo sea por la proyección de una estrella como Messi. Sabría que a Mbappé se le llama dictador por cómo es con el resto de miembros de su equipo, o que Mikel Merino es tan decisivo en los pocos minutos que juega como Ronaldo Nazario en sus mejores tiempos. Vamos, que tendría una visión algo distorsionada, o no tanto, de la realidad.
Porque sí, este Mundial de fútbol ha estado lleno de críticas y de polémica, por encima incluso de la anterior edición, celebrada en Qatar. No ha habido un clamor contra las pausas 'de recaudación' de la FIFA ni tampoco se ha plantado ninguna selección por la retirada de tarjetas a petición de Trump, pero en estas semanas de fútbol, emoción y alegría, también ha habido reivindicaciones y discursos potentes: del seleccionador de Paraguay, en defensa de los orígenes humildes de sus chicos, después de conseguir eliminar a Alemania; o el alegato de Kylian Mbappé en contra de unas declaraciones racistas de una senadora también de Paraguay, después de que Francia eliminara a ese equipo. Entre todos estos discursos, destacó por su humanidad el del seleccionador de Egipto, que llamó a proteger a los niños y niñas de Gaza, dejando de lado las distintas religiones y nacionalidades, simplemente porque sus vidas tienen valor y porque es lo correcto.












