Un avión de una escuadrilla aérea de las Brigadas Internacionales fue derribado y cayó en Valdelinares (Teruel). A la expedición de rescate se fue uniendo poco a poco la gente del pueblo, mostrando su solidaridad con este bando. El escritor André Malraux fue testigo, como aviador del ejército republicano, de este episodio, uno de los primeros de la Guerra Civil. Lo contó en su novela La esperanza y después lo llevó al cine en Sierra de Teruel (1938-39), una de las películas documentales más conocidas de los cientos de producciones que se rodaron durante los años del conflicto.PublicidadCodirigida junto a Boris Peskine, con guion de Antonio del Amo, Denis Marion, Peskine y Max Aub (que fue ayudante de dirección y traductor del guion al español), la película se terminó de rodar en Francia -el equipo tuvo que salir de España con la llegada de las tropas franquistas-, y se estrenó en París. Franco la prohibió y hasta 1978 no se pudo ver en nuestro país.Pero antes, la primera película que se hizo durante la guerra fue Reportaje del movimiento revolucionario en Barcelona (1936), restaurada gracias a una serie de materiales que recuperaron la CNT, la FAI y Filmoteca Española. En ella Mateo Santos mostraba los hechos ocurridos en Barcelona entre el 19 y el 23 de julio, desde el momento en que la población armada detuvo a los militares rebeldes, pasando por las posiciones de los milicianos anarquistas en las barricadas hasta la salida de la columna Durruti hacia el frente de Aragón.Herramienta de propagandaEn los difíciles años de la guerra, el cine se convirtió en una poderosa herramienta de propaganda y en una obligación moral para muchos cineastas dispuestos a documentar lo que estaba ocurriendo. Uno de los más activos en el bando republicano fue el mencionado Antonio del Amo, abuelo materno del cineasta Rodrigo Sorogoyen, que participó en varios proyectos en aquel periodo.Rodó Mando único en 1937, un cortometraje documental en el insistía en la necesidad de una centralización de la organización político-económica y del mando militar contra los rebeldes. Colaboró en España leal en armas (1937), una película de Jean-Paul Le Chanois con guion de Luis Buñuel, producida por la Subsecretaría de Propaganda del Gobierno de la República con la idea de que fuera difundida en el extranjero y se legitimara el Gobierno de la República. Dirigió y escribió junto a Rafael Gil Soldados campesinos (1938), donde contaba la historia de una pareja de campesinos separada por la guerra. Mientras él luchaba en el frente, ella trabajaba la tierra con un arado. Y documentó la vida y la producción en la retaguardia en Industrias de guerra (1937).PublicidadMuchas de las producciones que se rodaron entonces son mediometrajes o cortometrajes, documentos valiosísimos para conocer los hechos de esos años, firmados por cineastas españoles, como Fernando G. Mantilla, Valentín R. González, Nemesio Sobrevila, Daniel Quiterio Prieto, Antonio Sau, J. Pallejá o Ramón Quadreny. A ellos se unieron unos cuantos extranjeros, comprometidos con la legalidad republicana y contra la guerra y el bando fascista.De todos, el británico Ivor Montagu, un personaje peculiar y convencido comunista que repartió su entusiasmo entre el cine, el espionaje y el tenis de mesa, fue uno de los más involucrados con la causa republicana. Es el autor de la primera película extranjera rodada en la guerra, Defence of Madrid (1936). En ella contaba el asalto aéreo a Madrid, con fotogramas de niños muertos y de escombros; la llamada a las armas con las milicias en las barricadas y las imágenes de las Brigadas Internacionales y la llegada de un barco soviético con alimentos. La película se estrenó en 1937 en toda Gran Bretaña, en cines, institutos mineros, cineclubes locales… y al final de cada proyección se hacía una colecta para ayudar a los españoles.PublicidadEl neerlandés Joris Ivens firmó Tierra de España (1937), con textos de Ernest Hemingway sobre una primera sinopsis de John Dos Passos. Y Henri Cartier-Bresson, el padre del fotoperiodismo, y el americano Herbert Kline hicieron en 1937 Return to Life (el título francés fue Victoire de la vie) sobre los servicios médicos internacionales en la guerra.Los franquistas también utilizaron el cine como arma de propaganda y dejaron títulos como La batalla del Ebro (1938, La liberación de Barcelona (1939), Alma y nervio de España (Joaquín Martínez Arboleya, 1937) o la racista España heroica (Paul Laven y Fritz Mauch, 1938)En la ficciónLa guerra y su realidad pedían a gritos películas documentales, pero también hubo tiempo para rodar algunas ficciones, entretenimientos para escapar de la dureza del conflicto. En el bando republicano, hay títulos como Nosotros somos así (Valentín R. González, 1936), una curiosa película anarquista musical en la que un niño rico descubría los problemas de los trabajadores; la comedia también musical Nuestro culpable (1937), del italiano afincado en España Fernando Mignoni; el drama político Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1937) o Frente de Madrid, película que rodó en Italia Edgar Neville en 1939, con Fosco Giacchetti, Rafael Rivelles y Conchita Montes, un drama de quintacolumnistas y espionaje que arrancaba con una pareja que iba a casarse el 18 de julio, pero la guerra lo impedía.Paquete, el fotógrafo público número uno (1938), protagonizada por Paco Martínez Soria y Mary Santpere, fue un caso peculiar, producida en la zona republicana, la película abrió las puertas al director, Ignacio Iquino, que trabajó luego cómodamente bajo el régimen franquista. Este bando también utilizó la ficción para expandir su ideario reaccionario, con películas como Morena clara (Florián Rey, 1937), Carmen la de Triana (Florián Rey, 1938), Mariquilla terremoto (Benito Perojo, 1938) y unas cuantas más. Y, al terminar la guerra, con los fascistas ufanos por la victoria, el cine español estrenó por todo lo alto Raza (1941), el engendro nacional-católico que escribió Franco y dirigió José Luis Sáez de Heredia.