Cuando ocurre un temblor, la magnitud suele ser el primer dato que genera preocupación entre los guatemaltecos. Sin embargo, la comparación de los principales sismos registrados en Guatemala durante casi 15 años demuestra que un movimiento de menor magnitud puede ocasionar más daños que otro más fuerte.

Un ejemplo de esta diferencia es el sismo de magnitud 6.8 registrado el 16 de febrero del 2022. De acuerdo con los datos de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres (Conred), aunque tuvo una magnitud menor que el terremoto ocurrido este 17 de julio, el evento provocó víctimas y daños en Guatemala.

Para entender mejor este hecho, Helen Morán, geóloga del Servicio Sismológico de Guatemala (SSG), explica que la magnitud no es el único elemento que determina el impacto de un evento sísmico.

“También influyen otros factores como la distancia entre la fuente sísmica y zonas pobladas, la profundidad, el tipo de suelo, la vulnerabilidad de las construcciones y características propias de la ruptura, como su dirección de propagación”, señala Morán.

La magnitud es solo una parte del riesgo